¿Abandonar la Tierra o perecer?

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Carlos Peñaloza,Presidente Ejecutivo de Style International 

Si miramos al futuro lejano de la Humanidad, tarde o temprano nos enfrentaremos a un desastre tan grande que la supervivencia será casi imposible. Tendremos que abandonar la Tierra o perecer. No hay otra opción. Las edades de hielo, los impactos de asteroides, la capacidad de carga finita del planeta e incluso la futura muerte del Sol son algunas de las amenazas existenciales.

Pero, ¿a dónde iríamos? El físico Dr. Michio Kaku en su nuevo libro “El futuro de la Humanidad” invita a instalarnos en Marte, en la Luna, o las lunas de Júpiter y Saturno. 

Nos presenta robots autorreplicantes, nanomateriales y cultivos de bioingeniería que permitirán a la Humanidad “terraformar” Marte. También nos habla de las naves nanométricas, velas láser, máquinas de fusión ram-jet, motores antimateria y cohetes hiperimpulsores que nos llevarán a las estrellas. Además de las tecnologías radicales que alteran el cuerpo permitiendo sobrevivir al largo y agotador viaje de conquista del espacio.

En el prólogo de su obra, la eminencia nos dice que un día, hace unos 75.000 años, la humanidad estuvo a punto de extinguirse. Una titánica explosión volcánica en Indonesia disparó a la atmósfera la increíble cantidad de 2.700 km. cúbicos de tierra dejando a su paso un rastro de muerte y destrucción.

Seres humanos y animales escarbaban en el devastado terreno en busca de restos comestibles, y la mayoría de los primeros murió de hambre. 

Tal vez en nuestra sangre queden claras evidencias de este cataclismo.

Los genetistas han observado el curioso hecho de que entre dos seres humanos cualesquiera, el ADN es casi idéntico. En cambio, entre dos chimpancés puede haber más variación genética que la que se puede encontrar en toda la población humana. Una teoría que explique matemáticamente este fenómeno implicaría suponer que, en la época de la explosión, casi todos los humanos fueron exterminados, dejando solo un puñado de unos dos mil individuos. 

Sorprendentemente, esta sucia y desharrapada horda de humanos se convertiría en los Adanes y las Evas que acabarían poblando el planeta. Todos somos casi clones unos de otros, hermanos y hermanas que descendemos de un pequeñísimo y robusto grupo de humanos que cabría en el salón de un hotel moderno.

Mientras vagaban por el devastado paisaje, no tenían ni idea de que un día sus descendientes dominarían todos los rincones de nuestro planeta.

Mirando hacia delante,  vemos que los acontecimientos de hace 75.000 años constituyen un ensayo general para futuras catástrofes. ¿Tendremos, como tuvieron nuestros antepasados, la fuerza y la voluntad de sobrevivir e incluso prosperar?

Revisando las formas de vida que han existido en la Tierra: bacterias microscópicas, bosques de árboles gigantes, torpes dinosaurios y emprendedores humanos, vemos que el 99,9 por ciento de todas ellas se han extinguido. Millones de especies han aparecido antes que nosotros; tuvieron su tiempo bajo el Sol, se marchitaron y extinguieron. 

La Tierra ya ha sufrido cinco grandes ciclos de extinción. En cada uno desapareció hasta el 90 por ciento de las formas de vida. Habrá más en el futuro.

En unas décadas, nos enfrentaremos a amenazas que no son naturales, sino en gran parte autoinfligidas, por nuestra insensatez y falta de visión. Por ejemplo, el peligro del calentamiento global, cuando la atmósfera misma de la Tierra se volverá contra nosotros, o el desafío de la guerra moderna, a medida que proliferan las armas nucleares. Y también la amenaza de los microbios convertidos en armas, viralizados por una simple tos o un estornudo, exterminando hasta un 98 por ciento de la especie humana. 

Además, la población está en continuo crecimiento  consumiendo a un ritmo enloquecido, superando la capacidad de aguante de la Tierra. Nos encontraremos en un apocalipsis ecológico, luchando por los últimos recursos que queden en el planeta.

Finalmente el Dr. Kaku desvela que los viajes increíblemente largos a esos exoplanetas, podrían lograrse dominando los “agujeros de gusano” teóricos que se adentran en el espacio-tiempo limitados a la velocidad de la luz. O deberían implementarse  supervisados por computadoras autoconscientes, o científicos humanos genéticamente modificados para ser virtualmente inmortales.

Aunque parezca ciencia ficción, las previsiones están ahí. La respuesta a estos grandes retos se encuentra en la grandeza del ser humano. Quizá sea mejor volver al campo, al medio natural por excelencia, intentando una vida más austera, pero rica en sentimientos de hermandad, disfrutando sencillamente de la naturaleza plena del Universo, tal cual se forjó hace millones de años.


1 COMENTARIO

  1. Buscamos nuestro futuro fuera de nuestro presente, alejándonos cada vez más de nosotros mismos. Cuando nuestra mente ya no necesite de nuestro cuerpo dejaremos de ser humanos. Quizás la perfección se consiga con ello, pero sin sentimientos ni emociones la eternidad se debe de hacer muy larga. La vida es sólo una pequeña fracción de la eternidad.

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