De Oriente a Occidente

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Raúl Sánchez Pool Director de Style International

Dedicamos nuestra portada al príncipe heredero Mohamed bin Salman cuya proclamada apertura hacia la occidentalización de Arabia Saudita será clave para el futuro del Islam. Su particular “perestroika” puede ir más allá de gestos como abrir el primer cine comercial, después de 35 años de prohibición, o dar luz verde para que las mujeres puedan conducir.

Lo trascendente, en este sentido, será si el príncipe está dispuesto a que el Islam se someta a una amplia reforma y secularización. Y esto tiene implicaciones para el devenir no solo del mundo árabe sino también de la democracia occidental. 

En su libro “Excepcionalismo islámico: cómo la lucha sobre el islam está reconfigurando el mundo”, Shadi Hamid, investigador principal de la Institución Brookings, argumenta que el Islam es excepcional en su relación con la ley, la gobernanza y la política, protagonizando a su vez un papel principal en la vida pública de los países árabes.

El profeta Mahoma, fundador del Islam, no solo era un hombre de religión sino también un político. De este modo, ambas esferas han estado estrechamente ligadas dentro de las enseñanzas del Islam. 

Los musulmanes, además, creen que el Corán contiene la palabra de Dios. Por lo que, debido a la naturaleza divina del texto sagrado, es difícil argumentar en contra de su modelo profético y convencer así a los creyentes de su incapacidad para replicarse en la era moderna.

Según Hamid, estos factores han contribuido a que el Islam sea diferente de otras religiones monoteístas y a su relación única entre la ley y el gobierno.

El Islam, además, fue revelado a sus seguidores en la era premoderna cuando éste impregnaba toda una arquitectura social, moral, política y religiosa. Por este motivo, también, ha sido difícil adaptarlo a la era moderna del Estado-Nación.

El islamismo, por su parte, fue creado en el siglo XX como respuesta a los modelos de secularización que se intentaban importar de los países occidentales. Hamid describe a los islamistas como aquellos que creen que la ley islámica debería gobernar la vida política.

Los islamistas existen en oposición a los secularistas. Esta división fundamental fue evidente durante la Primavera Árabe. Apagados sus efectos, los islamistas corren el riesgo de quedar excluidos del proceso político al ser considerados un “problema” que los gobiernos deben resolver.

Este hecho influye en el proceso de gobernabilidad de la mayoría de los países árabes ya que estos partidos representan una parte significativa de la población. 

Dada esta situación, la mejor solución, es aceptar el papel del Islam en la vida pública y adaptarse a diferentes perspectivas, incluso conservadoras, con la condición de que todas las partes interesadas respeten el proceso democrático y la constitución. Este es, en definitiva, el reto del heredero saudí.

En resumen, la democracia se basa en acomodar y respetar a las personas con creencias diferentes de forma pacífica. E incluso si no es liberal, según los estándares democráticos occidentales, es preferible a los sistemas autoritarios y a los regímenes excluyentes.

1 COMENTARIO

  1. La Democracia respeta a las personas con creencias diferentes y pacíficas.
    De igual manera, dichas personas respetarán las reglas de la Democracia que les acogen.
    En caso contrario, ellas mismas son las que se auto excluyen de la Democracia.

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