El auge los populismos

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Raúl Sánchez Pool

El deterioro de las clases medias, base demográfica y política en algunos países, ha generado que en este ultimo año proliferen muchas corrientes populistas. En este contexto, la democracia liberal, un sistema de gobierno que conjuga soberanía popular y contrapoderes (justicia, medios, sociedad civil), no tiene el viento a favor. Este modelo da la impresión que puede derrumbarse en cualquier momento. La causa principal radica en que las clases medias han sido desatendidas en muchos países. Y al estar empobrecidas por una economía muy terciarizada, se rebelan contra su declive. Macron lo sabe tras la protestas de los “chalecos amarillos”. Una de sus exigencias es recuperar una soberanía popular que estiman haber perdido. Así, solo el 8% de los franceses cree que los ciudadanos detentan el poder, contra el 54% que piensa que está en manos de los mercados financieros. Este desequilibrio entre soberanía y Estado de Derecho conduce a que se instale una forma de liberalismo antidemocrático tanto en América del Norte como en Europa occidental. En esta forma de gobierno, los electores han concluido desde hace mucho tiempo que su influencia en las políticas públicas es mínima. Y para intentar desafiar este orden, las clases populares se apartan de los cuerpos intermediarios (sindicatos, medios de comunicación) a los que consideran demasiado apegados al poder e incapaces de representarles. Por eso tienden a votar por quién promete devolverles lo que han perdido. En este contexto, el riesgo potencial para el Estado de Derecho es que el dirigente elegido por el pueblo, armado con su legitimidad democrática, comience a deshacer los logros alcanzados por su país. Países como Hungría o Polonia son regularmente blanco de este tipo de acusaciones. Para algunos analistas esta sed de soberanía de las clases populares puede entenderse también como una necesidad más profunda. La de consolidar el sentimiento de pertenencia a una nación, a un destino común; del cual algunas élites quieren extraerse para llegar a la cima de la globalización. El auge populista se explica así por un deseo cada vez más profundo de ‘repatriar’ sus clases dirigentes, para que dejen de escaparse de su verdadero deber que es servir honradamente a la ciudadanía. Este “separatismo social” concierne a toda una parte de la clase superior de la sociedad. Así las cosas, mucha atención porque una brecha cada vez más grande, separa a los privilegiados del resto de la población. Las consecuencias son impredecibles.

1 COMENTARIO

  1. Por desgracia ya nada es como lo creemos. Solo es, como quieren unos muy pocos. El mundo está dirigido por poderes que sobrepasan a políticos y gobiernos.
    El resultado casi siempre, es el que tienen pronosticado con muy pequeño margen de error.
    Y entonces: ¿qué se puede hacer? Por lo menos, intentar cambiar lo que veamos injusto.
    Lo que hagamos al final, es lo que quedará en nuestra mente y ejemplo de acción para el futuro.

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