El conflicto como oportunidad

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Cuando escuchamos la palabra “conflicto” percibimos algo negativo y nos ponemos en guardia, sin embargo, el conflicto en sí mismo no es positivo ni negativo, simplemente “es” y lo importante se centra en cómo hay que gestionarlo para que se convierta en una oportunidad.

En una sociedad que bulle en relaciones,  todos y cada uno de nosotros mantenemos criterios e intereses que, fácilmente, pueden entrar en confrontación con los que persigue nuestra pareja, un familiar, un amigo, un socio o un colega.

La comunicación se interrumpe, las actitudes se polarizan, los sentimientos se resienten, las partes implicadas se sienten heridas y conlleva por lo general una pérdida de tiempo y, en función del ámbito en el que se produzca, también de dinero.

“La energía no se crea ni se destruye, sólo de transforma”. Este principio de la Física me parece perfecto para acercarnos a la perspectiva más inteligente con la que se debe abordar el conflicto. 

El conflicto es las confluencias de dos caudales de fuerza que colisionan y que, por esa Ley de Conservación de la energía, no se destruyen, sino que se transforman… y aquí es donde quiero llamar su atención.

A) Podemos dejar que el enfrentamiento siga su curso y la energía de las partes arrase los intereses y las necesidades en juego. Nadie gana, todos pierden, la relación se rompe, suele haber terceros afectados. Los efectos negativos de la destrucción son impredecibles en extensión y en duración.

B) O podemos abordar la situación siendo conscientes de que el conflicto, contiene también “la semilla de la creación”. Actuar con inteligencia dejando de lado las posiciones, focalizando toda la energía resultante de este choque en aportar una solución imaginativa, de mayor alcance,  que permita a los implicados crecer en su interés y coexistir.

La evidencia pone de manifiesto que el conflicto manejado de forma inteligente, y con las herramientas adecuadas,  nos permite transformar la energía negativa del enfrentamiento en energía positiva creadora.

Un conflicto evitado es un conflicto postergado. 

Piense en alguno de los conflictos que ahora mismo tiene planteados e imagine una solución adecuada para las partes implicadas. Analice las herramientas con las que cuenta para poner en marcha un proceso de comunicación y valore todo lo que puede ganar y lo poco que puede perder.

Y si considera que el conflicto requiere una intervención profesional, no dude en acudir a expertos en técnicas para la resolución alternativa de conflictos (ADR). Concédase la oportunidad de aproximarse al Derecho Colaborativo, la faceta más humana del Derecho.

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