Carlos Peñaloza Presidente Ejecutivo Style International

El mañana que nos espera es apasionante. La cuántica nos permitirá hacer lo que hasta ahora solo podíamos soñar. Pero ¿qué es la física cuántica? Es llegar de lo más pequeño al mundo de lo microscópico y al control de la utilización de la materia y la fuerza dentro de un átomo. Las leyes que lo rigen son sutiles, peculiares.

Afortunadamente el hombre, poco apoco, durante los siglos XX y XXI ha logrado comprender, explotar y a aprovechar estas leyes. Igual que la física clásica la entendemos desde Newton, y con ella hemos creado infraestructuras y máquinas, ahora los humanos poco a poco aplicamos los beneficios que habitan dentro del átomo. En el siglo XX desarrollamos algunas aplicaciones prácticas. En el XXI estamos realizando lo que se llama «la segunda revolución cuántica». Gracias a ella, contamos con comunicaciones, láseres, fibra óptica o resonancias nucleares magnéticas.

Mecánica cuántica
Los ordenadores utilizan lo que se llama Física del Estado Sólido. Cuando hay muchos átomos lo que les pasa a los electrones es que se mueven en capas de conducción. Eso es mecánica cuántica. La informática, los chips, están basados en principios cuánticos. Pero ahora viene una segunda revolución definida así por la Unión Europea:
Primero: hacer ordenadores que trabajen directamente con leyes cuánticas.
Segundo: establecer criptografía y comunicación cuántica segura.
Tercero: simulación cuántica, que posibilita indagar los materiales, las moléculas…
Cuarto: sensores cuánticos que nos permitirán medir campos magnéticos increíblemente pequeños.

Avances en la medicina
La computación cuántica nos llevará a un salto en la producción de medicamentos. Ahora los descubrimos por prueba y error. Los seres humanos no creamos principios activos, los hallamos. Encontramos la penicilina, no la ideamos. Con una capacidad de cálculo mucho más potente, podríamos elaborar medicamentos.

Inteligencia artificial vs. inteligencia humana
Es un profundo debate. Porque poco a poco se están delegando decisiones trascendentes a la inteligencia artificial, por ejemplo, la purificación de las aguas.

Moriremos de la mano de un robot
Algo que se vislumbra es que la gente mayor que está sola tendrá compañía artificial. Será una voz amiga sintética la que mantendrá un diálogo con ellos. También habrá relaciones de pareja entre personas y máquinas. Ya hay tecnología para crear robots con aspecto y voz humanos, aunque son muy caros. A medida que los robots humanoides son más realistas, producen rechazo. La gente se asusta.

Teletransportación y física cuántica
Solo se podrá teletransportar información, no el átomo. Mucho menos el ser humano.

Reinará el cerebro y no el cuerpo humano
Algunos científicos se preguntan para qué queremos un cuerpo. El razonamiento es el siguiente: casi todos nosotros nos completamos físicamente. Unos necesitamos gafas, otros prótesis, transplantes. También nos ayudamos químicamente, ingiriendo medicamentos sin parar. Alteramos nuestra química corporal para vivir más tiempo, para vivir mejor. En definitiva, el cuerpo es un siervo del cerebro, que es el que manda. Y, en ese camino, poco a poco, dentro de un siglo, estos serán cada vez más débiles, más sustituibles. En ese escenario no es impensable que deje de haber cuerpos. Gobernará el cerebro.

Y entonces, ¿cómo nos reproduciremos?
La reproducción como tal cambiará. Existirán solamente cerebros. Serán cerebros biológicos. Pueden ser de sustrato de silicio. Es decir, pasaríamos a ser un eslabón en la evolución. Igual que hay medusas, que hubo Diplodocus, un día se podrá decir que hubo seres humanos.

¿Acabaremos entonces siendo inmortales?
Si no hay cuerpo, no hay muerte, originándose una discusión profundísima añadida. Pero hay más: si llegamos a ser inmortales, desaparece el tiempo. En definitiva, el mundo cuántico que viene plantea numerosos problemas, uno de ellos el ético. Sin olvidar uno transcendente: la trazabilidad de los programas. Saber quién los ha hecho, con qué criterios, entender quién y qué está detrás de la capacidad de decisión de las máquinas. En ese sentido, hay ideas muy interesantes, como que sea la propia inteligencia artificial la que defina su ética, ya que los humanos somos tan difíciles, desafortunadamente, con esta disciplina. Querido lector ¿usted, qué opina? Se trataría de recorrer la historia de la humanidad, buscar los buenos principios e insertarlos en una inteligencia artificial. Quizá los que estén leyendo este artículo nunca lo querrán. Seguramente nunca lo verán.

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