José F. Estévez Abogado y Filólogo Socio Director de Cremades & Calvo-Sotelo

Llega puntual, casi el primero. Blazer azul marino, unos chinos y sin corbata, camisa blanca inmaculada sin cuello, eso sí, al estilo “Mao”. Él fue el primero de los presidentes tecnológicos sin corbata. Antes que el mal gusto se pusiera de moda. Él, ya era elegante. Y para ello, los atuendos convencionales sobraban.

Visionario entre los presidentes creativos de verbo sobrio y fundada palabra, salta de la “conectividad” de la red a los “servicios inteligentes” del mismo modo que “La Fontaine” emulaba las fábulas de Esopo. Su trayectoria es un camino de posada y fonda donde lo más relevante es el viaje en sí mismo. Conserva la misma mirada de ojos grises y penetrantes. Y eso que hace 20 años que no me sentaba con él. Retina atávica de inteligencia financiera que se remonta a buen seguro a varias generaciones de Villalongas y ello se refleja en sus pupilas (su tío abuelo ya fue un importante banquero).

Directo siendo a la vez cortés. Educado pilarista que no elude pregunta alguna por compleja que sea. No hay duda de que se halla en buena forma física considerando sus sesenta y seis años. Juan Villalonga, pese a quien le pese, ha sido uno de los mejores presidentes de Telefónica y compone ese excelso triunvirato de egregia dirección empresarial junto con Antonio Barrera de Irimo y Cándido Velázquez.

Pero estos dos últimos ya no están por desgracia entre nosotros. Juan, revolucionó en los años 90 una empresa pública señera y la convirtió en tan solo cuatro años en una de las tres mejores operadoras de telecomunicaciones del mundo. Su gestión creativa, su visión de negocio, su cosmopolitismo le avaló siempre, pero sobre todo le avalaron sus números. Multiplicó el valor en bolsa de la compañía siete veces, su misión: Crear valor para el accionista.

Algo revolucionario en los 90 de las viejas “Matildes”. Hoy añadiría yo: también crear valor para los Stakeholders, palabreja ésta que yo utilizo, y no él.
Él no necesita valerse de barbarismos, domina varias lenguas, francés e inglés entre otras. Y su hogar es el mundo de las ideas de negocio. Aunque no se lo proponga, es lo que te transmite. Juan ahora trabaja en proyectos diversos de inversión. Nos dice –
no es lo mismo ser directivo, consultor como en su etapa de McKinsey, que inversor profesional-.

Atraído por la tecnología, se ocupa ahora como inversor en temas relativos a “Deep mind”, inteligencia artificial y en proyectos de investigación sobre el cáncer, en empresas que aplican la nano tecnología y la inmunoterapia bacteriana en sus planes de negocio. Se nota que esto le ilusiona sobremanera.

Su conversación es un crisol de ideas que su magnífico cerebro ordena asíncronamente. Un hálito de vida impulsa la virtualidad de su pensamiento, nítido como la realidad misma y representativa como un holograma de negocios.

No he visto a nadie como a Juan Villalonga ser capaz de traducir los conceptos financieros en negocios viables o viceversa. Es el “Gudini” de la tokenización de activos antes que se inventara el Blockchain. Nos confiesa que hace mucho que no pisa Latinoamérica aunque le encanta, pero el centro de los negocios está hoy en Asia, – nos dice – principalmente en China.

Preguntado sobre la España actual contesta: “Soy optimista sobre España, si se hacen las cosas que hay que hacer” y destaca cómo una compañía norteamericana “The Boring Company” con filial en Málaga está desarrollando en su polígono tecnológico la ingeniería del proyecto del tren ultra rápido Madrid-Paris. Como el que se ha implementado entre Los Ángeles y San Francisco.

Coincide con esto, con mi admirado Alcalde, Paco de la Torre, con quien compartimos experiencias en Málaga Valley: La ciudad de Málaga puede convertirse en la “California del Sur de Europa”. Y qué decir del sector inmobiliario comenta, – en el barrio madrileño del Viso, el metro cuadrado está aproximadamente a siete mil euros m2 y en zonas similares de Paris, está en torno a los 15 o 20 mil euros por m2 -. Juan, no tiene dudas y asertivamente nos dice: “Yo no conozco otro lugar mejor que España para vivir”.

Preguntado sobre la realidad política de la España actual, declara que a su juicio no hay verdaderos referentes empresariales y señala que “España es un país en el que la clase empresarial se ha metido más en política de lo que debería”. En mi opinión, no le falta razón. Es una vieja tradición del empresariado español, arrimarse con demasiada fruición al presupuesto público en cuanto puede.

Y además, en su opinión los empresarios no saben jugar en la esfera política. Juan Villalonga es de los que piensa que cada cual escribe el guión de su propia vida y siempre practicó el arte de reunir a los mejores para formar sus equipos. Su lema es: “aumentar la capacidad y el talento de las personas que trabajan contigo”. Como dice el tango argentino “20 años no es nada” y tuve la suerte de ser uno de sus abogados en Brasil en la privatización de Telespi que ganó Telefónica en la Bolsa de Rio de Janeiro. Corría el año 1998.

Nunca una empresa española había hecho una inversión de tamaño similar en el extranjero. Pero Juan sigue igual, vitalista y enamorado de su familia y sus quehaceres. Con tres matrimonios a sus espaldas y siete hijos en su mochila vital, reside en Mónaco, a caballo entre Nueva York, Madrid o Paris. Dinámico por encima de todo, conjuga reflexiones como la economía actual contemplada desde el pensamiento de las desigualdad de oportunidades o la desigualdad de ingresos.

Le gusta articular en su discurso conceptos novedosos como el “income tax” negativo o su convicción personal que comparto de que la falta de movilidad y ascenso social proviene siempre de la ausencia de una buena educación. Juan es un referente de empresario en constante innovación. Viste con orgullo su camiseta del IESE. Su tiempo vital se focaliza en lo que ocurra esta misma tarde “Carpe diem”. Dispone de una suerte bien merecida y fortuna propia. Y declara con sinceridad: “Yo soy tan feliz ahora como cuando vivía en un piso diminuto alquilado y en el que también alquilaba los muebles”.

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