Su país organizará el Mundial de Fútbol de 2022. Este poderoso hombre de 38 años y 1,97m. de estatura, hoy está en el centro de la polémica. Arabia Saudita, Emiratos árabes, Bahrein y Egipto son sus enemigos. Le acusan de connivencia con el regimen iraní. 

Tamim bin Hamad Al Thani nació en la ciudad de Doha, como el cuarto hijo de Hamad bin Khalifa Al Thani y de su segunda esposa, la jequesa Mozah. 

Se educó en la Sherbone School de Gran Bretaña, y posteriormente se graduó en la prestigiosa academia militar de Sandhurts, lo que le valió en 2009 ser nombrado subcomandante en jefe de las Fuerzas Armadas de su país. 

A pesar de que asumió el liderazgo hace sólo cinco años, su participación en la gestión pública se remonta a varios años antes. 

Además de su carrera militar, también se desempeñó como presidente del Consejo Supremo de Educación y presidente de la Autoridad de Inversiones de Qatar, el fondo de riqueza soberana del país. 

Desde entonces, su rol se había caracterizado por fomentar la economía mediante la explotación de las riquezas naturales, principalmente del gas natural y por mejorar las relaciones con varios de los países de la zona. 

Sin embargo, siempre se le criticó que cultivara una buena relación con Irán, enemigo tradicional de varios países del mundo árabe y que apoyara al grupo de los Hermanos Musulmanes en Egipto, considerada como “organización terrorista” por algunas naciones de su entorno. 

Se ha caracterizado, durante su gestión, por los intentos de promover el deporte como una forma de posicionar la imagen de Qatar en el mundo. A ello se atribuye que en 2005 creara la sociedad “Qatar Sport Investiments”, hoy dueña del equipo de fútbol Paris Saint-Germain, uno de los más populares de Francia. Es el artífice de que el Mundial de Fútbol 2022 se realice en Qatar.

Gran parte de su inmensa fortuna también la conforman diversas propiedades y bienes inmobiliarios como hoteles de lujo en diversas ciudades de Europa. También cuenta con inversiones en grupos automovilísticos, como Volkswagen y Porsche.

El emir no será feliz hasta no solucionar los asuntos diplomáticos con sus vecinos. Quizá su reciente visita a Donald Trump le permita solventar esta difícil papeleta para su amado Qatar.

Los intereses de Estados Unidos en su país son poderosos. Trump tendrá que hacer malabarismos diplomáticos para contentar a sus aliados tan ilustres como Egipto y Arabia Saudita.

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