Por Rebeca Viguri

Aunque parezca extraño, hace mil años no solo ya existían mujeres de reconocido prestigio, sino que ostentaban cargos de gran poder social. Hersende de Champagne fue abadesa de Fontevraud, una iglesia católica en la que convivían monjes y monjas, pero cuyas riendas debían recaer en una fémina.

Hablamos del año 1110 y de una mujer de la alta nobleza francesa, que conoció en carne propia los altibajos de la vida. Huérfana muy joven, hubo de hacerse cargo de sus hermanos, para lo que se casó en primeras nupcias con un hombre del que muy poco se sabe.

Viuda seis años más tarde, en 1087 volvió a casarse con Guillermo de Montsoreau, un reconocido noble del que también enviudaría.

RECONOCIDA ABADESA

Tras su viudez y siendo amiga íntima de Robert d´Arbrissel, el fundador de la abadía y uno de los predicadores más conocidos en el inicio del milenio pasado, Hersende se constituyó como su mano derecha en la gestión.

Fue la responsable de conseguir renombre mundial para Fontevraud, así como adeptos, donaciones y novicias de las familias aristócratas más señaladas de Europa. Además, abrió camino para el resto de mujeres que ostentaron el cargo en los siguientes 600 años: entre ellas, nobles de las casas de Borbón, de Anjou y de Montmorency.  

Y como colofón, fue también madre de una leyenda: Eloísa, una joven de gran inteligencia y belleza, que dio lugar al mito romántico por excelencia en la Europa medieval, siglos antes de que Shakespeare escribiera Romeo y Julieta.

ELOISA Y ABERLARDO

La historia de amor de su hija con el eclesiástico Abelardo, que abandonó los hábitos para desposarla tras haber concebido con ella un bebé, sacudió los cimientos de la sociedad del siglo XI.

La Iglesia no permitió a Abelardo desentenderse de sus votos y fue emasculado como castigo por haberse apartado del celibato. Eloísa, diecisiete años más joven, fue recluida en un convento, del que terminó siendo priora.

Su historia es la más célebre de amor cortés medieval y ha inspirado libros y películas. Las cartas de amor entre ambos contienen poemas románticos que aún hoy se estudian en Francia y su tumba en París es una de las más visitadas en el famoso cementerio PèreLachaise.

FAMILIA DESTACADA

El abuelo de Hersende por parte materna fue Hugo de Clervaux, que alcanzó el mote de de “Come-bretones” por su fiereza en los combates contra los británicos. Un guerrero destacado que se casó con Hersende de Vendôme, al que la protagonista de esta historia debe su nombre. Además, su abuela materna era hermana de Hubert II de Vendôme, obispo de Angers entre 1006 y 1047, quien ordenó construir la catedral de Saint-Maurice.

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