A pesar de su diminuto tamaño, los huevos Fabergé son unos objetos impresionantes. Únicos y exclusivos, su fabricación requería de joyeros, miniaturistas, escultores, grabadores, relojeros o expertos en automatismo.

Más artesano que joyero, su creador, Peter Carl Fabergé (San Petersburgo, 1846-Lausana, 1920), logró fama debido a sus inteligentes diseños y exquisita artesanía. Tenía una clientela selecta, donde destacaba la familia Romanov, zares de Rusia.

UNA TRADICIÓN CENTENARIA

En 1885, Alejandro III, ordenó a su joyero un huevo de Pascua decorativo para su esposa, la zarina Marie Feodorovna.

Peter Carl Fabergé en su taller.
Peter Carl Fabergé en su taller.

Alejandro le dio al joyero gran libertad en el diseño de los huevos y estableció sólo tres requisitos:

1) Que los huevos tenían que ser en forma de huevo.

2) Que tenían que contener una sorpresa.

3) Que los diseños de Fabergé fuesen únicos, no podían repetirse.

En la mayoría de los casos, la cáscara ocultaba una sorpresa que estaba generalmente ligada a la vida de la familia imperial. Siendo hoy las más celebradas las que involucran algún automatismo.

HUEVOS IMPERIALES

Alejandro III continúo haciendo estos regalos hasta su muerte, que acontecería nueve años después. Su hijo, Nicolás II, heredó la tradición por duplicado: obsequió con una pieza tanto a su esposa, Alexandra, como a su madre, María, hasta 1916.

“Tengo poco interés en una pieza de alto valor solo por el enorme número de perlas y diamantes que contiene”.

(Peter Carl Fabergé)

De los 69 huevos que hizo en total la Casa Fabergé para los zares, la aristocracia y la élite industrial y financiera, se conservan 61.

Se conocen 52 huevos imperiales, 44 de los cuales se han localizado hoy, entre ellos los dos últimos de 1917 que nunca fueron entregados ni terminados a causa de la Revolución.

Huevo “Palacio de Gatchina”, 1901. (Foto: WikimediaCommons Public Domain) .
Huevo “Palacio de Gatchina”, 1901. (Foto: WikimediaCommons Public Domain).

Los restantes 8 huevos imperiales se consideraban perdidos o desaparecidos.

FAMA MUNDIAL

El prestigio del joyero recorrió medio mundo. Su empresa, con 500 empleados, se convirtió en una de las mayores de Rusia. Sin embargo, durante el resto del siglo XX, el apellido sobrevivió a través de multinacionales y franquicias.

Cuando un coleccionista hablaba de una pieza de la firma se refería, con toda probabilidad, a una de las 150.000 fabricadas en vida de Peter Carl, no después.

En 2007 se creó Fabergé Limited, empresa que ha recuperado el control de la marca y que se ha comprometido a resucitar la exclusividad de antaño.

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