En una drástica decisión sin precedentes en el resto de países occidentales, Italia se ha puesto a la cabeza en la lucha contra las personas que aún quedan sin vacunar contra el coronavirus. Desde el próximo 15 de octubre, todos los trabajadores tendrán que tener el Certificado Digital COVID-19 para acceder a su puesto de trabajo. En total, se verán afectados 23 millones de trabajadores. Se estima que 300.000 empleados de la administración pública y 3,7 millones de empleados del sector privado no tienen aún el certificado.

«No paro, esto es lo que sirve al país. La medida está pensada para que pueda continuar la apertura y evitar las restricciones», dijo el primer ministro del país mediterráneo, Mario Draghi. Se considera especialmente significativo que incluso el líder de la Liga, Matteo Salvini, opuesto a la utilización de esta herramienta coercitiva, se haya visto obligado a ceder ante la presión ejercida de algunos dirigentes importantes dentro de su propio partido.

El llamado coloquialmente pasaporte COVID ha extendido su uso para diferentes aspectos, sobre todo relacionados con el ocio, pero ningún país había llegado al extremo de exigirlo para los trabajadores que no pertenecen al sector público. Así, el último territorio en imponerlo para sus funcionarios fue el pasado viernes Eslovenia. A partir del 1 de octubre, los empleados del sector público esloveno, excepto los que trabajan en el sector de la educación, tendrán que demostrar que están vacunados o que se han recuperado recientemente de la infección por COVID-19 para poder entrar en sus espacios de trabajo, según anunció el ministro de Sanidad, Janez Poklukar.

Colaboración especial: El Pueblo en Línea

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