Rebeca Viguri

La vida de la primatóloga Jane Goodall cumple con los requisitos imprescindibles para ser la protagonista de una película de aventuras. Lo ha sido todo:  baronesa sin fortuna, madre de un único hijo, casada por una carambola del destino, amante de África, agitadora de conciencias en Europa y desde el pasado diciembre,  también es doctora honoris causa por la Universidad Complutense de Madrid. Anteriormente le fue entregado el Premio Príncipe de Asturias de investigación científica y técnica en 2003.

Así de completa y sorprendente es esta británica de rasgos infantiles y lengua audaz, la cual no enmascara a una mujer inquebrantable.

Nació en Londres, en el seno de una familia de clase media, criándose durante la posguerra en la casa familiar de Bournemouth, en el sur de Inglaterra. Allí vivió su infancia y juventud, rodeada de animales y soñando con escribir sobre ellos en África. 

UN SUEÑO CUMPLIDO

Goodall tomó a los 23 años la decisión de estudiar a los chimpancés salvajes. Ayudada por el doctor Louis Leakey, se trasladó a Tanzania en 1960 con su madre y un cocinero. Allí plantó su tienda en la selva y comenzó su proyecto de investigación que duraría en teoría 6 meses, y que continúa en el presente tras aproximadamente 60 años.

Fotograma de la película “Jane”

La revista National Geographic  le envió un fotógrafo para documentar su trabajo. Se llamaba Hugo Van Lawick, era un aristócrata danés y llegó a ser uno de los mejores fotógrafos del siglo XX. Con él, comenzaría una relación amorosa, contrayendo matrimonio en marzo del 1964. Van Lawick se convertiría en el padre de su único hijo.

TOMA DE DECISIONES

En 1974 se confirmó su divorcio, pues Van Lawick fue contratado para trabajar en Kenia y ella no lo dejó todo para seguirle, sino que continuó con su proyecto con los gorilas.

Jane Goodall junto a su marido, Hugo Van Lawick y su hijo

“A los hombres les gusta que una mujer les siga y los acompañe dando preeminencia a lo que ellos anhelan”, confesó Goodall a su madre tras tomar la decisión de continuar en Tanzania.

Un año después se casó con Derek Bryceson, miembro del Parlamento de Tanzania y director de sus parques nacionales. En 1980 afrontó su muerte a causa del cáncer como otro revés del destino.

En 1986 sintió la necesidad de llevar el mensaje de defensa animal por el mundo y desde entonces viaja 300 días al año dando conferencias, recibiendo galardones, organizando actos benéficos y dando a conocer la importancia de escuchar al planeta y convivir en paz con el resto de las especies. 

DOCUMENTOS AUDIOVISUALES

El documental sobre su vida y obra, “El viaje de Jane”, ganó el premio “Best Green Film” en el GreenFilmFest de Berlín, y fue preseleccionado entre los nominados al Oscar 2012 a Mejor documental. 

En 2018 se estrenó en los canales de National Geographic en España el documental “Jane” con imágenes inéditas y bajo la dirección de Brett Morgen.

Imagen promocional del documental “Jane Goodall: the hope”

El pasado abril se estrenó la secuela de ese documental de National Geographic, llamado “Jane Goodall: the hope”

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