Japón, un país con luces y sombras

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Raúl Sánchez Pool Director de Style International

La llegada al Trono del Crisantemo del emperador Naruhito ha iniciando una nueva era en la potencia asiática, la tercera economía del mundo por volumen de PIB.

Japón tiene más de 126 millones de habitantes, siendo su esperanza de vida la más alta del planeta, 84 años. Además el país ocupa los mejores puestos dentro de los índices de desarrollo humano.

Todo ello pese a que este archipiélago, formado por tres mil islas y solo cuatro principales, cuenta con escasos recursos naturales y un medio hostil.

En estas condiciones poco óptimas, la Tierra del Sol Naciente ha protagonizado un milagro económico que ha asombrado al mundo. Este caso de éxito se inició a mediados del siglo XIX durante la restauración Meiji (1868-1912).

Se trató de una reacción pragmática de la nobleza japonesa frente al dominio de las potencias occidentales, que acabaría por transformar su sistema económico, territorial y político.

Pero, ciento cincuenta años más tarde, este modelo de desarrollo parece agotado con una sociedad envejecida, debido a una baja tasa de natalidad, mientras que su economía sufre un estancamiento.

Desde los 90´s, Japón ha crecido menos de un 1% como media. Mientras que la deuda pública nominal ha pasado de un 50% del PIB a más de un 230%.

Por su parte, la deuda per cápita es de 79.795 euros por habitante, que hace de sus ciudadanos los más endeudados del mundo.

También ha aumentado la desigualdad de los ingresos en la antaño conocida como sociedad de los 100 millones de ciudadanos de clase media.

En este sentido, casi todas las proyecciones a largo plazo indican una caída demográfica hasta, como mínimo, 90 millones de japoneses en las próximas tres décadas.

Para el primer ministro japonés Shinzo Abe, conservar una economía grande y tecnológicamente potente es un requisito indispensable para que Japón mantenga su influencia internacional.

Entre otras medidas, ha dedicado gasto público a acelerar la cuarta revolución industrial (inteligencia artificial, robótica, computación cuántica y nanotecnología) y a aumentar los recursos humanos para lograr un incremento de la productividad.

Pero, Japón debe afrontar también otros desafíos de carácter más social. Su modelo de desarrollo, muy centrado en el plano económico, ha dejado de lado la igualdad de género, los derechos de las minorías sexuales o la felicidad misma de sus ciudadanos.

Desde su función simbólica, Naruhito deberá atender a estos aspectos en la nueva era que ha empezado.

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