Camisería Burgos abrió sus puertas en 1906 y aún conserva intacto el mismo mobiliario. Tras el mostrador se encuentra Carmen Olave. Sus abuelos por parte de madre iniciaron un negocio que después continuarían sus padres. Desde 2009 lleva las riendas del negocio.

Los tipos de puños, cuellos y tejidos están  perfectamente ordenados dentro del local, en la calle Cedaceros, 2 de Madrid. En su interior, al cliente se le ofrece unas posibilidades de personalización de su camisa a medida casi infinitas.  

P- Sois un negocio centenario ¿Qué retos os planteáis?

R- Estamos desarrollado la parte digital, tenemos más prendas de colección y hemos introducido las camisas a medida pero hechas a máquina. Estas tienen un precio más asequible para competir con todas las camiserías que dicen ser a medida pero que en realidad no lo son. Fue una decisión muy pensada porque conlleva el riesgo de perder cierta exclusividad. Pero, por otro lado, lo han hecho todas las marcas de lujo, tanto de moda como de otros sectores.

Tienes dos líneas entonces.

Sí. En nuestro modelo estándar artesanal toda la camisa va a mano: el corte, el patrón, los ojales y el adorno de la manga y el cuello. Si el cliente también quiere los costados, la mosca o el bajo tiene un coste adicional. Aparte, hay la opción de hacer una camisa a medida enteramente a máquina por la mitad de precio.

¿Cómo es el proceso?

Primero se elige el tejido, asesorando al cliente según el uso que se le vaya a dar. Se eligen los puños y el cuello, y demás detalles de personalizacion de la camisa. El camisero cortador toma las medidas y hace el patrón. Después se corta la camisa, se bordan la iniciales y se envia a las costureras.

¿De dónde sacáis los tejidos?

La mayoría procede de marcas italianas o suizas. Nuestra gama alta proviene de una casa que se llama Alumo. Ellos tienen para mi gusto las mejores calidades. Para la gama media-alta, Thomas Mason. 

¿Cuál es el método de trabajo?

En la tienda tenemos el taller de corte, donde trabajan los camiseros y la planchadora. Nosotros hacemos todo el corte y el patronaje en el taller mientras que la labor la hacen en casa. Siempre se ha hecho así. El proceso de hacer una camisa a mano lleva nueve horas.

¿Qué diferencias hay entre una camisa hecha a mano o a máquina?

A nivel de patrón, al haber cortado la camisa a mano, este se adapta a la fisonomía del cliente. Por el contrario, el patrón industrial tiene el modelo de espalda, de manga… Además, el hecho de coser el cuello, pegarlo a mano o la manga, da más flexibilidad que una costura hecha a máquina. Por último, está la sensación de tener una cosa tuya que nadie más puede tener. 

¿Contáis con clientela de toda la vida?

Sí, pero hacía falta desarrollar la página web, introducir una línea de máquina y la internacionalización. A Nueva York he ido ya once veces pero quiero organizarlo para ir cada tres meses porque hace falta que los clientes vean la continuidad. En Londres, en diciembre, estuvimos en Savile Row y hay que repetir. Hay que moverse mucho para darse a conocer y tener nuevos clientes.

Tambien estamos colaborando con firmas internacionales como Cifonelli.

¿Qué les enseñas cuando viajas?

Llevo mis carpetas de viaje con tejidos que son catálogos de continuidad. Llevo unos modelos de cuellos, puños y tomo las medidas. Veo a clientes directamente. Los citó en un hotel, seleccionan el tejido y los detalles y les tomo las medidas. 

¿De dónde proceden tus clientes extranjeros?

Tengo clientes hasta de Singapur. A nivel internacional tenemos un precio muy competitivo para la calidad que ofrecemos.

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