Imagen de Achim Thiemermann en Pixabay.
Imagen de Achim Thiemermann en Pixabay.

El origen de la galleta marinera, hardtack o sea biscuit en inglés, se sitúa en el siglo XV. Una época de descubrimientos en la navegación donde este producto fue vital por su carácter no perecedero. De esta forma, abastecería las bodegas de los navíos durante sus largos viajes.

Para incrementar su durabilidad, a este tipo de torta hecha con poca levadura, se le extraía toda la humedad mediante un proceso de horneado lento. Sin embargo, el resultado era muy seco por lo que había que remojarlo en agua para poder tragarlo.

PAN DE PILOTO

En 1792 John Pearson, de Newburyport (Massachusetts), hizo un pan similar solo con harina y agua, al que llamó pilot bread (‘pan de piloto’). Tiempo después este pasó a ser conocido como hardtack o sea biscuit (‘galleta náutica’).

No obstante, en 1801, una casualidad, producida cuando Josiah Bent (un panadero de Massachusetts) estaba elaborando este producto, daría lugar a su denominación más popular. Gracias a que se le pasaron de tiempo un lote de galletas y al ruido crujiente que hacían nació el término crackers. (crack significa ‘chasquear’ o ‘crujir’).

Mientras tanto, en Suramérica y el Caribe, la galleta náutica se convertía en un alimento popular en algunas zonas de Cuba, Brasil o Uruguay. Y a principios del siglo XX cruzaría el charco cuando los mallorquines comenzaron a comercializar un producto similar que hoy se ha convertido en un souvenir: las galletas de Inca. Finalmente, en 2006, saltaría una versión mejorada de esta galleta marinera a los estantes de los supermercados gallegos.

NUEVOS TIEMPOS

Sea como fuere, el sabor de la galleta marinera clásica dista un poco de su reinterpretación moderna. Aparte de la harina de trigo, el agua y la sal usados en la elaboración original, ahora se le añaden otros ingredientes como la levadura, la mantequilla, el extracto de malta o la lecitina de soja, que facilitan la fermentación. Además existen distintas variedades de galletas marineras: con aceite de oliva, con algas deshidratadas, con vino, con semillas de chía, integrales y ecológicas.

En definitiva, la galleta marinera es un producto con un sabor muy particular. Su textura crujiente ofrece la posibilidad de ser utilizado en la cocina en múltiples aplicaciones como la elaboración de tapas o canapés. Pero también, dado su digestibilidad, les hace muy recomendable para el consumo en niños, personas mayores o personas con problemas de acidez de estómago.

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