Llegada la primavera, cuando se pasea por Sevilla, no es fácil esquivar el olor de los naranjos. Porque en la capital andaluza existen 47.776 ejemplares de estos árboles frutales, sin contar los que se encuentran en jardines, públicos o privados, parques o los 1.053 del Real Alcázar. En resumidas cuentas, con 5,7 millones de kilos de naranjas, esta ciudad se ha convertido en el mayor naranjal urbano del mundo.

Su fruto, la naranja amarga, es también conocido por ser muy codiciado por los paladares británicos. En sus cocinas, empezando por la de su majestad la reina Isabel II, no puede nunca faltar una confitura que lleva el nombre de Seville Orange Marmalade.

CÍTRICOS FERMENTADOS

El origen de la historia de amor con esta mermelada, de textura fina y consistencia ligera, empieza en el siglo XVIII. Los ingleses, quienes forjaron un imperio comercial basado en la navegación marítima, descubrieron que si llevaban cítricos fermentados con azúcar en sus navíos evitaban el escorbuto. Esta era una enfermedad que provocaba hemorragias en los marineros por un déficit de vitamina C.

Joseph Mallord William Turner: "El muelle de Calais, con pescadores franceses, mientras llega el barco del correo inglés", 1803. Londres, Tate Gallery.
Joseph Mallord William Turner: «El muelle de Calais, con pescadores franceses, mientras llega el barco del correo inglés», 1803. Londres, Tate Gallery.

De este modo, la conserva llegó hasta las Islas Británicas, y debido a su amargor, se utilizó como base para hacer mermeladas. Curiosamente es la única a la que llaman marmalade; el resto son jam o preserve (la distinción se basa en el ingrediente de la marmalade, la naranja, y en el toque amargo que aporta, frente al dulzor de las jam).

Con el paso del tiempo, se hizo tan popular que llamó la atención de la corte. Hasta el punto que la firma Wilkins & Sons, proveedora de mermeladas del palacio de Buckingham, utiliza como materia prima desde 1911  las que dan los árboles sevillanos.

UNA TRADICIÓN REAL

Por otro lado, y tras la caída en desuso de los años ochenta, El Real Alcázar de Sevilla ha recuperado la costumbre de mandarle a Isabel II una cesta de naranjas amargas. Esta tradición fue iniciada por los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg para que la familia real británica hiciera con ellas mermelada.

recipiente de mermalada de naranjas amargas de Sevilla

A día de hoy, gran parte de las naranjas amargas de Sevilla siguen destinándose a la elaboración de mermeladas para Reino Unido. Así, los breakfasters británicos, la incluyen también en su cesta del picnic, entre tés, galletas y chocolates.

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