La hija del todopoderoso zar Pedro I el Grande, uno de los más destacados gobernantes de la historia de Rusia perteneciente a la dinastía Romanov, es muy atractiva por sus fantasías inverosímiles. Isabel nació el 18 de diciembre de 1709. Aquel fue precisamente el día en que las tropas rusas, comandadas por su padre, entraron en la capital del imperio, Moscú / Carlos Peñaloza.


Isabel se convirtió en la niña mimada del zar Pedro I quien soñó con casarla con el rey de Francia. Aprendió francés, alemán e italiano y sabía canto y baile. Pero la aristocracia europea la rechazó por haber nacido antes de que el zar Pedro I y su esposa Catalina se casaran oficialmente. Es más: su madre, Catalina I, no era de procedencia noble. 

Los historiadores dicen que Isabel nunca pretendió participar en política después de la muerte de su padre. Permaneció en el “traspatio” de la corte durante el reinado de Ana I y cuando coronaron al emperador bebé Iván VI con la regente Ana Leopóldovna. 

Pero, los militares estaban descontentos con la gestión de Ana Leopóldovna, que frenó las reformas del zar Pedro el Grande y promovió el acceso a importantes cargos públicos a descendientes de la nobleza alemana. Los oficiales tramaron  entonces un complot para entronizar a la princesa rusa Isabel. 

Y así fue, el veinticinco de noviembre de 1741 Isabel se presentó en el cuartel general del regimiento en Moscú. Allí se proclamó emperatriz de Rusia y encarceló al zar Iván VI y a la regente Ana Leopóldovna. Isabel declaró que iba a continuar con la política de su padre. 

En la época de Isabel se fundó en Moscú la primera universidad de Rusia y arrancó el programa de apertura de teatros imperiales. 

Extravagancias

Isabel I organizaba cada tres días una fiesta a la que acudían hasta 1.500 invitados. A lo largo de un día solía cambiarse hasta seis veces de vestido. Nunca repetía modelo. Tras usarlos,  los teñía con pintura para que nadie los utilizara. Todo importador de ropa extranjera debía acudir, primero, ante Isabel quien se quedaba con lo mejor. Ninguna aristócrata rusa podía llevar su peinado.

Nunca podía dormir de noche, desaparecía del palacio hasta el amanecer. No tenía horario de comidas fijo. Su depresión era profunda. Murió a los 52 años, el 25 de diciembre de 1771. Era alta, muy corpulenta y de presencia majestuosa.

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