Si Frances Drake fue el pirata inglés por excelencia, Grace O’Malley ha sido la pirata irlandesa universal. Ambos vivieron en el siglo XVI, ambos surcaron los mares con osadía, arrojo y, por qué no decirlo, crueldad, y ambos tuvieron vidas de película.

Casada dos veces, madre de tres niños y una niña, hija única de un poderoso naviero, políglota y refinada como solo a la nobleza correspondía, O’Malley cambió su destino acomodado como dama por su suerte elegida como marinera.

La primera expedición comercial en la que participó se dirigía a España y apenas era una niña pecosa y pelirroja que viajaba con su padre.

Después se haría experta navegante, comerciante y soldado, pasando grandes períodos embarcada, que combinó con aventuras pasionales entre la muerte de su primer marido, con quien se casó a los quince años y del que enviudó a los veintitrés, y su segundo matrimonio. 

El castillo donde vivió la pirata más famosa

LEGENDARIA

Sus hazañas fueron numerosas y defendió el espíritu indómito de los clanes irlandeses contra los gobiernos de España e Inglaterra. A causa de esto estuvo a punto de ser ahorcada en 1568, pero la reina Isabel I la indultó en el último momento por la empatía que sentía hacia ella como mujer combativa y resuelta en un mundo dominado por hombres.

Al poco tiempo le ofreció ser espía y la nombró consejera privada para asuntos políticos. El tiempo y las vicisitudes las separaron, pero la admiración mutua permaneció siempre. 

Apodada “La reina de Umall”, nombre del territorio sobre el que gobernaba su clan familiar, destacó también por ser una mujer muy bella, muy refinada, con gran gusto para vestir prendas de lujo, con las que comerciaba su flota.

En la segunda parte de su vida concibió a su cuarto hijo con su segundo esposo, al que despachó de su castillo después de un año de matrimonio, haciendo una vez más gala de su fuerte carácter y de su independencia. 

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