La privacidad en juego

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Raúl Sánchez Pool, Director de Style International

Vivimos rodeados de pantallas que no queremos ignorar. El número de dispositivos conectados a internet es creciente y se extiende a relojes, televisores o frigoríficos en lo que hoy denominamos como Internet de las cosas.

En la actualidad son más de 20 billones los dispositivos conectados. En 2020 llegarán a ser 40 billones. Y de continuar esta imparable carrera alcanzarán los 100 billones en 2045. 

Este fenómeno se produce en un contexto donde, según el informe Digital in 2018 de Hootsuite, más de la mitad de la población mundial está conectada a Internet con una media de conexión de seis horas diarias.  

Y mientras, alrededor de la red de redes, se ha establecido un ecosistema para ofrecer servicios al internauta con el propósito de hacerle la vida más cómoda. Steve Jobs, fundador de Apple, fue el primero en darse cuenta de este nuevo paradigma digital. En Internet el contenido es más importante que el continente.

Así, primero revolucionó el mundo de la música a través del lanzamiento del iPod en 2001 y más tarde haría lo mismo en el ámbito de los móviles inteligentes (smartphones) con la creación del iPhone en 2007. En ambos casos el nuevo dispositivo estaba al servicio de un market place como iTunes o Apple Store.

Apple y Google sirvieron como plataforma para desarrollar el mercado de las aplicaciones. Y ahora para toda necesidad existe una app disponible desde cualquier pantalla.

Mientras tanto las redes sociales se han convertido en la principal fuente de información e influencia para los usuarios.

En este panorama digital la moneda de cambio es el dato. Sin estos no hubiese sido posible la gratuidad de las aplicaciones ni la capacidad de almacenamiento de las redes sociales. 

En definitiva, para las empresas tecnológicas este es el corazón de su negocio. Su objetivo es captar usuarios y rentabilizar sus datos comercializándolos propiamente o a través de terceros. 

Por su parte, el usuario no había entendido hasta ahora lo que significaba la cesión de sus datos. 

Pero escándalos como el ocurrido con Facebook y Cambridge Analytics abrieron los ojos a la sociedad poniendo de manifiesto hasta dónde puede llegar una mala praxis con los datos de los usuarios donde se pone en peligro logros tales como la libertad, la privacidad y la democracia. 

Con la nueva ley de protección de datos a nivel europeo, ya en vigor, el usuario tendrá que dar su consentimiento inequívoco para que las empresas puedan usar sus datos. 

Se ha impuesto un nuevo trato entre empresas y usuarios. ¿Comenzamos?

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