Por María José Bro

Permítame, querido lector, formularle la siguiente pregunta: ¿pagaría una suma importante de dinero por tener en su salón una pieza provocativa que despierte las miradas y comentarios de sus invitados?
El erotismo es uno de los temas más recurrentes en la obra de casi todos los artistas. Y, ya sean aficionados o consagrados, se han prestado en alguna ocasión a realizar algún desnudo entre sus dibujos, pinturas, grabados, fotografías o esculturas.


El desnudo artístico está considerado como una temática independiente que ha tenido siempre un marcado componente estético, ya que el cuerpo humano es objeto de atracción erótica y constituye un ideal de belleza que refleja también los cánones morales del momento.
No en vano, la clase de Dibujo Al Natural es una asignatura más dentro de las facultades de Bellas Artes o en las academias.
Como el arte ha sido siempre una representación del ser humano, un reflejo de la vida que nos rodea, la temática del desnudo siempre ha estado representada.


Además, son unas piezas muy codiciadas en el mercado. Así, el cuadro “Mujeres de Argel” de Pablo Picasso es la obra más cara de arte erótico por la cual se pagaron 157 millones de euros en mayo de 2015 en la casa Christie’s de Nueva York.

DIEGO GADIR
En la obra pictórica de Gadir hay realidad e intuición. Él se ve a sí mismo como un médium y dice que con sus cuadros intenta conectar la realidad con territorios intuitivos, como son el pensamiento y la emoción. Es un gran dibujante de cuerpos femeninos –desnudos o vestidos– y de retratos de mujeres con mirada penetrante.

EDUARDO ÚRCULO
Fue uno de los mejores exponentes del arte Pop en España. El período que abarca los últimos años sesenta y toda la década de los setenta ha sido definido como la “época erótica” de este artista. A la sazón, abandonó el óleo por el acrílico e incluyó una paleta de colores mucho más cálida. En lo temático, su obra se concentró en el cuerpo femenino que lo representó en sugerentes posiciones.
El propio Úrculo, reafirmando precisamente el carácter transgresor de sus pinturas Hot, declararía: «Mis trabajos de entonces participan de algún modo en la llamada revolución sexual”.
Y coincidiendo con el embarazo de su esposa, en 1975, enriqueció su repertorio iconográfico con un nuevo elemento, la vaca, con el que quería simbolizar la fertilidad y la maternidad.

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