La UE y China cooperan en la elaboración de un nuevo orden mundial

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Un tren de carga China-Europa en el Paso Horgos en la región autónoma Uygur de Xinjiang, noroeste de China, el 20 de abril de 2020. [Foto: Xinhua]
Un tren de carga China-Europa en el Paso Horgos en la región autónoma Uygur de Xinjiang, noroeste de China, el 20 de abril de 2020. [Foto: Xinhua]

Dinos Stasinopoulos

No hay duda de que la crisis de salud mundial provocada por la pandemia no solo ha causado un sufrimiento humano considerable, sino que también ha perturbado el comercio mundial al exponer las vulnerabilidades de nuestras economías y reforzar nuestras dudas sobre los beneficios generales de la globalización. Ha afectado a las empresas, provocando desempleo y exigiendo que los gobiernos asuman un papel más importante en la orientación de la economía y erigiendo barreras al movimiento de personas y bienes y servicios. Los beneficios de la globalización están siendo cuestionados y las voces a favor de un nuevo orden mundial son cada vez más creíbles.

La globalización definida como el proceso de interacción e integración entre personas, empresas y gobiernos se ha acelerado en los últimos 20 años debido a los avances en las tecnologías de comunicación y transporte. Sin embargo, la pandemia ha afectado las economías de la mayoría de los países, lo que ha llevado a sus sectores públicos a asumir un papel más importante en la formulación de políticas.

Además, estos problemas también han llevado a cuestionar la eficacia de las instituciones internacionales actuales, como la Organización Mundial del Comercio, a la hora de abordar las normas comerciales de crecimiento inclusivo y reforzar las voces de la necesidad de un cambio. Las grandes corporaciones tecnológicas han expandido su poder en todo el mundo, lo que ha dado como resultado una redistribución de la riqueza de los grupos de menores ingresos a los de mayores ingresos. Estos actores impactan negativamente el poder estatal y socavan la capacidad de los países para administrar sus economías.

Los gobiernos y las entidades globales han reconocido adecuadamente los beneficios pero no los riesgos y costos del proceso. La industria de servicios financieros internacionales también se ha transformado, lo que ha dado lugar a una gran transferencia de riqueza de la economía real al mundo de las finanzas con mayores riesgos para la seguridad económica a largo plazo. Los sectores tecnológico y financiero han creado enormes desafíos en muchos países con un aumento de la riqueza que beneficia a un pequeño segmento de la población, mientras que los de ingresos bajos y medios se ven perjudicados.

En las economías desarrolladas, la globalización ha mejorado la productividad y tiene un efecto medible sobre el crecimiento, pero los trabajadores de ingresos medios han visto sus puestos de trabajo amenazados por el proceso.

Por el contrario, en China y los mercados emergentes, los trabajadores de ingresos medios han experimentado una mejora en su nivel de vida.

Existe una necesidad urgente de que la UE y China tomen la iniciativa y cooperen en la elaboración de las nuevas reglas del juego. Hasta cierto punto, China ha aprovechado la crisis sanitaria no solo para mostrar su capacidad médica y administrativa para hacer frente a las crisis, sino también para potenciar su influencia internacional. Esto ha ayudado a formar un consenso en la UE que apoya un compromiso constructivo con China. Es bastante evidente que el sistema chino evoluciona y florece como una alternativa a la democracia liberal de tipo occidental.

Está surgiendo un nuevo orden global que brinda una oportunidad para que China y la UE formen conjuntamente el nuevo orden basado en la necesidad de coexistencia económica internacional.

La UE y China son dos de los mayores comerciantes del mundo. China es ahora el segundo socio comercial más importante de la UE detrás de Estados Unidos. La UE es el mayor socio comercial de China. Las dos partes deben repensar el orden internacional, ya que la pandemia reveló la insuficiencia de las autoridades públicas para hacer frente de manera eficaz a la crisis. Un resurgimiento del papel del estado para reducir los efectos de los choques en la economía requirió intervenciones públicas masivas para prevenir el colapso económico y social.

El nuevo mundo está emergiendo de la pandemia y es necesario hacerlo más resistente, sostenible e inclusivo. No hay tiempo para una guerra geopolítica con China. Es de suma importancia para la UE reunirse con China en cuestiones de interés mundial como el cambio climático, ya que la economía mundial atraviesa un difícil período de transición.

La idea china de asociación civilizatoria abre la posibilidad de que la UE conceptualice sus relaciones con China no solo como transaccionales, sino como algo más político y cultural. Las relaciones entre la UE y China tienen que ir más allá de los términos económicos y comerciales y buscar una dimensión política y cultural más fuerte. Esto puede requerir de cada lado un esfuerzo considerable para comprender y aceptar las líneas rojas y los intereses centrales del otro.

Las negociaciones podrían utilizarse para definir reglas sobre comercio y cooperación en áreas tales como abordar las crisis pandémicas y el medio ambiente. Podemos especular que las nuevas reglas deberían incorporar conceptos de políticas que permitan un mayor alcance en el espacio de políticas nacionales que lo que prevé el actual marco liberal de la Organización Mundial del Comercio. También puede implicar dar un peso adecuado a los valores sociales y definir un marco renovado de contrato social.

El resultado final debería ser una globalización global y un orden mundial que brinde oportunidades y mejores niveles de vida para todos los estratos de la población.

Dinos Stasinopoulos es un ex funcionario de la Comisión Europea. Actualmente es consultor en economía y gobernanza global.

Colaboración especial: El Pueblo en Línea

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