Las amenazas del algoritmo

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Carlos Peñaloza Presidente Ejecutivo Style International

La Inteligencia Artificial (IA) se basa en los algoritmos, que han sido diseñados por el hombre para definir una serie de instrucciones finitas que resuelvan un problema para alcanzar un fin. Pero existe el temor de que podamos ser manipulados por los creadores de estos cálculos. Y lo más grave, que un día esa inteligencia artificial destruya a la especie humana.

Nuestra sociedad, absorta, despistada, “disfruta” de los fabulosos avances de la digitalización sin llegar a comprender objetivamente que la tecnología ha transformado nuestra vida en muchos aspectos y que este cambio nos impulsa a aprender a vivir entre dos mundos.

El primero es el de la preservación y potenciación del ser humano. El segundo consiste en implementar un estricto control sobre la aplicación de la inteligencia artificial, es decir, los algoritmos.

Su mala praxis, nos llevaría a la “dictadura” de la injusticia, según convenga a uno u otro grupo, nación o multinacional. Máxime, cuando se actúa en un campo sin regulación y sin ética. Ese es el tipo de algoritmo que preocupa. Así las cosas, quien lo controla domina el “éxito”.

Por eso la próxima revolución política se librará por el mando de los algoritmos. Porque estos reemplazarán todos los procesos burocráticos humanos. Son más baratos, más fáciles de mantener y de manipular.

La gran incertidumbre es saber quién hará rendir cuentas a los que abusen de ese poder. Los políticos están despistados. No saben cómo afrontar este reto.

De hecho, las decisiones con mayor incidencia sobre la vida de los ciudadanos no las toman ellos en Washington o en Bruselas, sino ingenieros, empresarios y científicos, especialmente, en Silicon Valley.

Está claro que estos desafíos, las oportunidades y las disyuntivas éticas que nos deparan los años venideros son materia ya de importantes debates. Uno que preocupa es el relativo a la automatización del trabajo y la inteligencia artificial.

Los investigadores de Oxford, Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne publicaron el informe The Future of Employment, en el que exploraban la probabilidad de que diferentes profesiones quedasen a cargo de programas informáticos a lo largo de los próximos años.

El algoritmo que desarrollaron para hacer los cálculos estimó que el 47% de los puestos de trabajo de Estados Unidos corren un riesgo elevado.

Por ejemplo, hay un 99% de probabilidades de que en 2033 los televendedores y los agentes de seguros de vida pierdan su puesto de trabajo, que será ocupado por algoritmos. Un porcentaje del 98% ocurriría con los árbitros deportivos, un 97% con los cajeros, y el 96% con los chefs.

Procuradores: 94%. Guías de viajes organizados: 91%. Panaderos: 89%. Conductores de autobús: 89%. Obreros de la construcción: 88%. Ayudantes de veterinario: 86%. Guardias de seguridad: 84%. Marineros: 83%. Camareros: 77%. Archivistas: 76%. Carpinteros: 72%. Socorristas: 67%. Y así sucesivamente.

Desde luego, hay algunos empleos seguros. La probabilidad de que en 2033 los algoritmos informáticos desplacen a los arqueólogos es solo del 0,7%.

Naturalmente, para cuando llegue el año 2033, es factible que hayan aparecido muchas profesiones nuevas, por ejemplo, la de diseñador de mundos virtuales.

Después de todo, bien pudiera ser que los algoritmos también superen a los humanos en el diseño de esas realidades virtuales. El problema crucial no es crear nuevos empleos. El desafío es desarrollar trabajos en los que los humanos rindan mejor que los algoritmos.

Puede ser que la prosperidad tecnológica haga viable alimentar y sostener a las masas inútiles incluso sin esfuerzo alguno por parte de estas. Pero ¿qué las mantendrá ocupadas y satisfechas? Tendrán que hacer algo o se volverán locas.

¿Qué harán durante todo el día? Una solución la podrían ofrecer las drogas y los juegos de ordenador. Las personas perezosas podrían pasar una cantidad de tiempo cada vez mayor dentro de los mundos tridimensionales de la realidad virtual, que les proporcionarían mucha más emoción que el mundo real.

Pero esta situación asestaría un golpe mortal a la creencia liberal fundamentada en el carácter sagrado de la vida y de las experiencias humanas. ¿Qué hay de divino en holgazanes inútiles que se pasan el día devorando experiencias artificiales?

Algunos expertos y pensadores, como Nick Bostrom, advierten que es improbable que la humanidad padezca dicha degradación, porque cuando la inteligencia artificial (IA) supere a la inteligencia humana, sencillamente, exterminará al ser humano.

2 COMENTARIOS

  1. Estimado Carlos, leyendo su artículo me surgieron la dudas lógicas de mi desconocimiento sobre lo expuesto en su muy interesante artículo.

    Sin entrar en detalle sobre la ética moral, valores humanos y consecuencias de nuestros actos y pensamientos, pudiendo dar como resultado, por un lado por la ambición de poder del hombre y por otro el resultado y consecuencias para la sociedad actual y futura, me pregunto:

    ¿Cual es la diferencia entre nuestra inteligencia y la artificial?
    ¿Entre le resultado de un algoritmo y el de nuestra intuición?

    Si nuestro aprendizaje es secuencial y por el momento desconocemos como acceder de forma directa a la información adquirida por nuestro subconsciente hacen que por el momento nuestras respuestas o resoluciones de problemas sean menos rápidas y acertadas que las de las máquinas.

    Quizás en nuestro caso de ser humano, nuestra intuición sea la encargada de dar la solución o respuesta a cualquier duda, situación o resultado deseado en milésimas de segundos.
    Como es natural cuanto más entrenada tengamos nuestra intuición, mejores resultados y tiempo de respuesta y aciertos tendremos.

    Le pondré varios ejemplo de intuición: en el deporte en un tiempo cortísimo, planificar una jugada con diferente factores, colocación de jugadores etc… y ejecución de puntos.
    Un Tedax desactivando una bomba que no conozca a la perfección.
    Un cirujano en plena operación tomando una decisión en un segundo o menos, de vida o muerte en una operación.
    Usted mismo Carlos , cuando realiza un entrevista y quiere respuestas que no le quieren dar.

    Las maquinas carecen de emoción. Por este hecho nuestra inteligencia emocional la pueda suplir a la artificial en muchos casos. Con experiencia y entrenamiento, cualquiera que sea nuestra profesión o actividad, consigamos un resultado acertado y en un tiempo mínimo.
    Esta claro que en casos como los Big Data un cerebro solo no alcance por el momento los mismos resultados y tiempo de respuesta que los algoritmos.

    En este video de Esla Punset me ayudo a entender lo que es la intuición.
    https://www.youtube.com/watch?v=KPPnlSiGfOQ

    Y en este articulo información sobre algoritmo.
    https://retina.elpais.com/retina/2018/03/22/tendencias/1521745909_941081.html

    Estoy totalmente de acuerdo con su pensamiento, El ser humano es el que se impone los limites. Por lo tanto por muy malas que vengan dadas, siempre tenemos la posibilidad de darle la vuelta a la tortilla.
    Gracias por compartir, sus conocimientos y experiencias.

  2. Como bien apunta usted, están desapareciendo muchas profesiones, pero también es cierto que cada vez más estoy viendo aparecer profesiones como la de barberos que sean bien por franquicias o profesionales particulares están proliferando cada vez más. No sé si serán modas pasajeras o bien para un tiempo largo. Así como otras pocas actividades.
    Quizás sea la nueva era de la modernidad que va dando paso y su sitio a añoranzas de trabajos bien realizados con sentimiento y amor por una profesión y servicio al prójimo.

    Cada vez se valorizaran más por su escasez. Los que puedan permitírselo buscarán la excelencia de un trato y calidad de trabajo realizado, que aunque una máquina lo pueda hacer nunca podrá alcanzar la calidez de un ser humano.

    No creo que sea lo mismo un masaje realizado por un ser humano fisioterapeuta al que pudiera realizar un robot.
    Aunque en las cosas del querer ya hay bastantes artefactos que están remplazando tanto a mascotas como a personas para amar. Pero esa es otra historia.

    Cuántas cosas nos quedarán por ver de lo que somos capaces de crear y hasta donde podremos llegar. Buscamos cada vez más las soluciones fuera de nosotros, con lo que cada vez más, nos alejamos de nosotros mismos.

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