Los desafíos éticos de nuestro tiempo

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Carlos Peñaloza

El planeta se enfrenta a desafíos que nos inducen a preguntarnos hacia dónde vamos y qué rol cumple la ética en la humanidad. Este mundo se parece a un astro errante que transita por el espacio galáctico cargado de tecnologías de lujo nunca antes soñadas por el género humano. ¿Pero quién tiene el timón de esta aventura que debe ser conducida por la ética?

El timón está vacante y el astro va zigzagueando sin un rumbo fijo, como decía el filósofo Eduardo Negrín. En el mismo sentido, el Papa Francisco, la autoridad espiritual más escuchada del mundo, repite una y otra vez: “tecnologías, bienvenidas, pero escuchemos con atención, escuchemos el grito silencioso de los pobres y escuchemos el gemido de la Tierra”. Los pobres están reclamando pero su voz es despreciada. Hagamos lo que tengamos que hacer antes de que sea tarde. Analicemos los desafíos que nos obliguen a la reflexión.

LA REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA

En muy poco tiempo han surgido cambios radicales en todas las áreas del mundo digital. Simultáneamente a esta ola tecnológica, somos testigos de cambios sustanciales en casi todas las disciplinas.

Las más destacadas ocurren dentro de la estructura epistemológica, en la física, biología, microelectrónica, la robótica, en la genética. Las organizaciones están cambiando los procesos productivos. Todo esto nos lleva a la inteligencia artificial.

Pero ¿éste progreso al servicio de quién está y en el marco de qué parámetros morales se mueve?

La pregunta es muy seria, porque la tecnología es un instrumento, que no siempre resuelve los problemas que tienen que ver con los fines y con la condición humana. Incluso, genera otros inconvenientes.

Por eso es urgente regular, a través de organismos serios y universales, el uso de la inteligencia artificial antes de que sea demasiado tarde.

LA CRISIS DE VALORES

Vivimos en medio de una carencia de moralidad importante. La opinión pública determina que el enemigo número uno es la corrupción, y esta deviene de la  carencia de una educación basada en las más elementales reglas del respeto y la consideración natural hacia el orden social enmarcado por normas y leyes para la convivencia.

Charles Taylor, filósofo canadiense, dice que lo más grave de todo es que no solo hemos perdido sensibilidad y que hay un desencanto de la vida por parte de los jóvenes, sino que se ha olvidado el sentido de las causas comunes, hemos dejado de pensar y debatir sobre los fines; solo discutimos sobre los medios, sobre la tecnología, sobre los consumos. Aquí está la mayor crisis de valores.

LA POBREZA

Lamentablemente las cifras no son estimulantes.La FAO dice que en 2018 hubo 215 millones de personas con hambre, una cifra mayor que 15 años atrás. Existen 900 millones de personas sin agua potable y 2.600 millones que no tienen instalaciones sanitarias. Esto es increíble en un mundo cuyo PIB ha crecido enormemente gracias a los avances tecnológicos.

Los más afectados por la pobreza son los niños.15.000 mueren cada día por causas evitables: desnutrición, falta de agua potable e instalaciones sanitarias. Hoy, como ayer, como mañana morirán 2.400 niños en el día en que nacieron; Y van a morir antes de cumplir un mes 2.600.000. Tenemos un desafío de fondo que no está solucionado.

¿HAY ESPERANZA?

Claro que sí porque es posible recuperar el timón. Las personas tienen sed de ética. El mundo no está indiferente a los desafíos. Desde formas micro hasta formas macro hay una lucha permanente para cambiar la situación.

A nivel macro por ejemplo están los cuatro países nórdicos que encabezan las tablas de indicadores, siendo número 1 en Desarrollo Humano, en igualdad de género, en educación, en equilibrio ecológico; son los mayores donantes en solidaridad internacional y son potencias en materia tecnológica controlada a nivel ético. La sed de ética esta en muchos seres humanos, independientemente de la clase social.

El Papa Francisco dice con mucha frecuencia: “el que no vive para servir, no sirve para vivir” es decir que el que no desarrolla su vida tratando de ayudar a la comunidad siendo solidario, no aprendió el sentido profundo de la vida. No pasemos de largo este privilegio de poder servir y sentirnos plenos. En hebreo antiguo se utiliza una expresión que puede sintetizar aquel deseo que tienen las personas de dejar una contribución al mundo es “Tikún olam”, que significa “Mejorar el mundo”. Hay esperanza si todos y cada uno hacemos lo posible para superarnos.

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