Las tentaciones de San Antonio (1650), de Joos Van Craesbeeck, en el Staatliche Kunsthalle de Karlsruhe (Alemania).
Las tentaciones de San Antonio (1650), de Joos Van Craesbeeck, en el Staatliche Kunsthalle de Karlsruhe (Alemania).

Cómo alimentar a un dictador (Witold Szablowski) y El banquete de los dictadores: los platos favoritos de los tiranos del siglo xx (Victoria Clark y Melissa Scott) son dos libros que nos acercan a los gustos culinarios de tiranos y dictadores. Uno describe la perversa relación de cinco dictadores del siglo XX (Sadam Husein, Pol Pot, Idi Amin, Enver Hoxha y Fidel Castro) con sus cocineros. Mientras que el otro se centra en la comida que degustaban los tiranos más abyectos del siglo pasado.

Así, el periodista polaco Witold Szablowski entrevistó a los cinco cocineros que mantuvieron una relación de poder y esclavitud con sus patrocinadores. Eran las personas de mayor confianza de los dictadores pero a su vez vivieron bajo amenaza de muerte por cualquier circunstancia vinculada a su alimentación.

portada cómo alimentar a un dictador

PLATOS PREFERIDOS

El mariscal Tito (Yugoslavia) se deleitaba con un pedazo de grasa de cerdo caliente. La debilidad de Ceausescu (Rumanía) era un estofado hecho con un pollo entero… patas, pico y demás.Y Antonio Salazar de Portugal adoraba las sardinas, que le recordaban de su infancia, cuando tenía que compartir una sola sardina con su hermano.

no se le puede atribuir a ningún alimento o ninguna constitución física el que alguien hacer el mal o sufra de delirios de grandeza

Por su parte, Sadam Husein (Irak) amaba la sopa de pescado de Tikrit -pescado graso y vegetales-. Y la ensalada de papaya de Pol Pot (Camboya) tenía que ser al estilo tailandés o no la tocaba.

DEGUSTADORES

A medida que varios de estos hombres envejecían, se tornaban más y más obsesivos con la pureza de lo que comían. Hasta el punto que el norcoreano Kim Il-sung ordenó que todos sus granos de arroz fueran seleccionados individualmente. Además creó un instituto cuyo único propósito era encontrar la manera de prolongar su vida.

portada el banquete de los dictadores

En este sentido, los degustadores se hacían imprescindibles. Hitler tenía un equipo de 15 degustadoras a mano durante los años de la guerra. De esta forma, nada llegaba a su mesa hasta que se confirmara que las chicas seguían vivas 45 minutos después de ingerirlo. Por su parte, Ceausescu nunca viajaba sin su oficial de seguridad, quien además era químico e iba equipado con un laboratorio móvil para examinar la comida.

JUEGOS DE PODER

Los tiranos no solo sometían a sus cocineros sino también a sus comensales. En su casa de campo Stalin obligaba a sus invitados a degustar deliciosas especialidades georgianas entre abusivos juegos de poder. Duraban unas cinco o seis horas, de las 11 de la noche a las 5 de la mañana por ejemplo, y eran una forma de tortura refinada. Porque incluía la participación obligada en juegos de bebedores, canciones y danzas.

la línea entre hombre y monstruo puede ser muy fina.

Por su parte, el vegetariano Hitler hablaba durante la comida sobre lo que ocurría en los mataderos ucranianos para que sus invitados carnívoros no pudiesen seguir comiendo. Este hecho no impediría que Jean Bedel Bokassa, de la República de África Central, ni Idi Amin, de Uganda, ni Francisco Nguema, de Guinea Ecuatorial, perdieran el apetito. Hay fuertes sospechas de que todos ellos pecaron de canibalismo.

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