Martin Hildebrandt, el pionero del tatuaje en Occidente

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Aunque los orígenes del tatuaje en Oriente se remontan 12 mil años atrás, el primer tatuador oficial conocido en Occidente fue Martin Hildebrandt (1825-1890). Durante la Guerra Civil Americana (1861-1865) trabajó para los dos bandos antes de abrir lo que probablemente sea el primer lugar de negocios permanente para tatuajes en los Estados Unidos en 1875.

PINTAR LA PIEL

La palabra tatuar procede del vocablo tatau, el cual significa «marcar algo». Durante siglos ha sido un arte practicado por diferentes culturas. Se cree que los marineros fueron los encargados de fomentar la cultura del tatuaje extraída de exóticas tierras como Gabón y Nueva Guinea, o de la islas polinesias de Samoa o Tahití. Sin embargo, esta práctica estuvo prohibida por la Iglesia durante la Edad Media por usar el cuerpo como superficie para lucir tatuajes con fines ceremoniosos, religiosos y bélicos.

Espalda tatuada de un guerrero samoano
Guerrero de Samoa

Su definitiva democratización vino a finales del siglo pasado con el impulso que le dio el movimiento hippy. Con su particular revolución invocando a la libertad de expresión, el tatuaje volvió a aparecer en Occidente hasta convertirse en el fenómeno que sigue siendo hoy día.

EN ESPAÑA

Tatuaje de una bruja debajo de una cadera femenina
El tatuaje de una bruja en el bajo vientre

A partir de las estimaciones realizadas por la Academia Española de Dermatología, uno de cada tres españoles de entre 18 y 35 años tiene un tatuaje. Sin embargo, son los mayores entre 30 y 49 años los más tatuados. El 42% de nuestros compatriotas luce en su piel alguno de estos dibujos coloreados.

Por su parte, según Fidel Prieto, secretario de la Unión Nacional de Tatadores y Anilladores Profesionales (UNTAP), se calcula que en el sector español existen 2.500 estudios legales y hasta 5.000 personas que trabajan de forma ilegal: «Dos ilegales por cada tatuador que cumple las normas» afirma Prieto.

SOLDADOS Y MARINEROS

Pero volvamos al protagonista de nuestra historia, Martin Hildebrandt. De origen alemán, este marinero comenzó a tatuarse en 1846 a bordo de la fragata Estados Unidos. Y una vez en tierra se convertiría con el paso del tiempo en uno de los primeros artistas profesionales del tatuaje en la ciudad de Nueva York.

Hizo así fortuna ofreciendo sus servicios en el crisol de inmigrantes que en esa época era Fourth Ward. Un barrio junto al muelle, repleto de prostíbulos y cervecerías, donde los lobos de mar salían de sus barcos en busca de una nueva decoración para sus fornidos brazos y cuerpos.

Fotografía de un regimiento durante la Guerra Civil Americana (1861-1865)
Los nombres tatuados por Hilderbrandt ayudaron a su reconocimiento

No obstante, con motivo de la Guerra Civil (1861-1865), se alistó en el Ejército del Potomac. Dentro de sus filas, según sus propias palabras nunca tuvo un momento de inactividad. «Puse los nombres de cientos de soldados en sus brazos o torsos, y muchos fueron reconocidos por estas marcas después de ser asesinados o heridos.» relataba el tatuador al periódico The New York Times el 16 de enero de 1876.

EL PRIMER ESTUDIO

Con el fin de la guerra, gracias a el boca a boca su clientela se expandió. Su nombre era conocido, no solo entre los locales sino también en todo el país. A principios de la década de 1880, los artículos periodísticos lo promocionaban como un artista de tatuajes líder.

En 1875, Martin Hildebrandt había abierto su primer estudio en la calle 77 James Street de Nueva York, en el bajo Manhattan. El New York Times lo describe como «una taberna, con un piso bien lijado, y en las paredes colgaban cuadros …» Años más tarde se trasladaría al 36 1/2 Oak Street.

LA DAMA TATUADA

Hildebrandt se casó con Mary Hildebrandt. Fruto del enlace matrimonial nacería un hijo llamado Frank. A su vez, en 1882, una mujer tatuada por Hildebrandt se expuso en el museo de Bunnell en Bowery como la primera «dama tatuada» y se hizo llamar Nora Hildebrandt, aunque no tenía parentesco con el tatuador. En ese momento, estaba cubierta de tinta para tatuajes, desde el cuello hasta los pies, con 365 diseños tatuados.

Ticket con la imagen del espectáculo de Nora Hildebrandt "la dama tatuada"
Nora Hildebrandt tenía 365 diseños tatuados
Antigua aguja utilizada por los tatuadores
Antiguo utensilio para tatuar

De este modo, Martin es conocido por haber tatuado a un puñado de mujeres que trabajaban como atracciones, a precio de moneda de diez centavos, en museos en Nueva York. Dichos espectáculos viajaron alrededor el mundo.

TRISTE FINAL

La última mención sobre Martin Hildebrandt está fechada el 20 de junio de 1885 en The New York Clipper, bajo el título «Circus and Sideshow News»: «Martin Hildebrand (sic) el tatuador de esta ciudad, cuya esposa está en un circo, fue enviado el 10 de junio a la cárcel por conducta desordenada. Su hijo le acusa de que está loco y por ello lo trasladarán a un asilo «.

Finalmente, el 16 de enero de 1890, el tatuador Martin Hildebrandt falleció en el Asilo para locos de la ciudad de Nueva York en Wards Island. Tenía 65 años de edad.

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