Santiago Altanza
El reconocido empresario satisface los paladares más exigentes y también enriquece el espíritu con su cariño, su ternura y su gran humanidad. Su restaurante “Santiago” es un mito, una piedra miliar y un pilar en el cual se apoya la fama culinaria de Marbella. Domínguez llegó en el año 1958 a este enclave de la Costa del Sol, antes que se transformase en un destino turístico de gran fama y prestigio internacional. 

P- ¿Eran mejores los tiempos pasados?

R- Lo bueno era el alto nivel de los visitantes pero lo malo era que el trabajo estaba reducido al mes de agosto. Ahora hay más cemento, más tráfico, menos verde pero más vida, más infraestructuras y, sobretodo, más negocios.

¿Cuál es el mayor reto que has tenido, tienes y tendrás?

Habiendo consagrado mi vida a este trabajo, ser considerado y escuchado como un experto en mi campo y un guía que pueda aconsejar y enseñar a los jóvenes.  

¿Cómo se consigue el éxito?

Sin duda alguna con una gran ambición y un profundo espíritu de sacrificio siempre acompañados por una buena estrella. Santiago es un restaurante serio que requiere un buen trabajo de equipo donde todos trabajan con cariño y esmero para superarse cada día. La máquina se pone en marcha a las 4 de la mañana cuando yo empiezo a contactar los barcos en alta mar para la compra de la materia prima que tiene que ser de máxima calidad. Luego hay que vigilar la preparación y la presentación sin olvidar el cliente que, para mi, casi siempre tiene razón y merece la pena escucharle porque, al fin y al cabo, de lo que se trata es de satisfacer sus gustos.

¿Cuál es el plato estrella del restaurante Santiago?

Desde siempre el carpaccio de bonito, el pescado y el marisco pero también el cochinillo, el cordero, el solomillo de buey y las codornices.

¿Los valores más importantes en la vida?

Responsabilidad, trabajo y honestidad. Yo me siento un hombre afortunado porque además de hacer un trabajo que me gusta, disfruto tanto con él que es, al mismo tiempo, mi hobby y mi pasión. Por lo tanto no supone un sacrificio lo de despertarme a las cuatro de la mañana y de estar todo el día al pie del cañón. El único descanso me lo tomo el domingo porque suelo dar un largo paseo de 22km. Hasta la cruz de Juanar con algunos amiguetes para disfrutar del panorama entre castaños y cerezos.

Detrás de un gran hombre hay una gran mujer y, desde luego, Mari Paz es una mujer guapa, culta e inteligente ¿Cómo lo lleva ella lo de tu trabajo?

Dice que cuando me echa de menos mira mis fotos…pero es cierto que nos queremos mucho y que ella es para mí un gran apoyo y un soporte sensacional desde hace 20 años. La mejor consejera, la más fiel y siempre llena de sentido y sensibilidad. Su trabajo de profesora de Biología le apasiona y, al no tener hijos, se siente madre de todos sus alumnos. 

Ahora la gran pregunta ¿Quién va a tomar el relevo?

Mucho me temo que nadie. Tengo dos hijos varones, de los cuales uno sueco, y una hija en Madrid pero ninguno de ellos quieren seguir mis pasos porque dicen que es un trabajo demasiado sacrificado y lo que ellos quieren es calidad de vida… Puede que tengan razón pero yo no puedo entenderlos porque yo me divierto con lo que hago y me despierto cada mañana con la ilusión de seguir trabajando.

Hazte una pregunta y date una contestación.

¿Merece la pena todo lo que estoy haciendo? Sí porque me gusta, me hace feliz y, si me faltara este trabajo, me faltaría el aire y la vida misma.

Al terminar la entrevista reconozco que me queda un buen sabor de boca en todos los sentidos… Santiago satisface los paladares más exigentes y también enriquece el espíritu con su cariño, su ternura y su gran humanidad. He comprobado una vez más que es verdad lo que dijo Jean Paul Sartre: “la felicidad no consiste sólo en hacer lo que uno quiere sino en querer lo que uno hace”.

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