Una recreación y reconstrucción tridimensional de la cabeza de Julio César, fallecido en el año 44 A.C., ha revelado cómo era el rostro del líder militar romano. El busto altera las diferentes representaciones del general que existían hasta ahora.

El arqueólogo Tom Buijtendorp ha presentado el rostro real de Julio César durante el evento de lanzamiento de su nuevo libro :”César en los Países Bajos”. 

Para conseguirlo ha contado con la necesaria colaboración de  la arqueóloga y antropóloga física Maja d’Hollosy, especializada en reconstrucción facial. 

Ambos investigadores realizaron múltiples escaneos en 3D de dos antiguos bustos de mármol que representaban al general, uno encontrado en Leiden y otro en Turín. 

También emplearon retratos tomados de monedas romanas para rellenar las partes restantes de las características físicas de César, como su nariz y sus orejas.

Después de los escaneos, d’Hollosy usó arcilla y silicona para darle una cara completa a César, con ojos casi negros, mechones de sal y pimienta  junto a una línea de cabello con entradas.

El resultado de este trabajo invalida algunos mitos sobre esta figura política y militar. 

Es el caso de su cabello, con menos pelo del que le han atribuido algunos historiadores, o sus pequeños ojos agudos, menos impresionantes que los descritos por los libros.

En cuanto a la desproporción del cráneo, para Buijtendorp se debe a su difícil parto. 

Dado que el cráneo de un recién nacido es altamente maleable, cualquier fuerza aplicada a la cabeza de un bebé puede provocar “distorsiones dramáticas”. Y si no se tratan a tiempo producen cambios permanentes  en su fisonomia. 

Esto es lo que pudo haberle ocurrido a la cabeza de Julio César debido a un parto difícil.

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