Sobrevivir al siglo XXI

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Carlos Peñaloza,Presidente Ejecutivo de Style International 


¿Por qué está la democracia liberal en crisis? ¿Ha vuelto Dios? ¿Estamos a las puertas de una nueva guerra mundial? ¿Qué implica la forma de gobernar de Donald Trump? ¿Qué podemos hacer con la epidemia de noticias falsas? ¿Qué civilización domina el mundo: Occidente, China, el islam? ¿Puede el nacionalismo resolver los problemas de desigualdad y el cambio climático? ¿Qué hacer con el terrorismo? Qué deberíamos enseñar a nuestros hijos?

Si la situación del mundo te entristece, tras leer los anteriores interrogantes, entonces probablemente será mejor que no leas ‘21 Lecciones para el siglo XXI’, el último libro de la estrella intelectual Yuval Noah Harari.

En el mismo se declara la muerte de la historia liberal que ha inspirado y sostenido al mundo occidental por más de un siglo, tras el fascismo y el comunismo. Además, subraya la posibilidad de tres catástrofes inminentes: la destrucción ecológica, la disrupción tecnológica y la divergencia biológica de nuestra propia especie.

Si de alguna manera podemos evitar el calentamiento global irreversible, entonces la fusión de la tecnología de la información y la biotecnología, como dice Harari, bien puede volvernos a casi todos económicamente irrelevantes y políticamente impotentes. 

El genio de Harari al entrelazar ideas de diferentes disciplinas, que van desde la historia antigua hasta la neurociencia, la filosofía y la inteligencia artificial, le ha permitido responder a la inquietud global por entender de dónde venimos y hacia dónde vamos. 

La pirotecnia intelectual de Harari sigue siendo extremadamente entretenida conforme lanza nuevos ataques contra sus pesadillas: el nacionalismo, el populismo y la religión.

Y con gran vigor, se mete en el debate sobre las noticias falsas. Harari explica cómo la sociedad se ha mantenido unida por creaciones ficticias, como el dinero, la nación y la religión. 

“Cuando mil personas creen una historia inventada durante un mes, eso es una noticia falsa. Cuando mil millones de personas la creen durante mil años, eso es una religión”, indica.

Es igualmente feroz en sus ataques contra los nacionalistas extremistas en general y quienes apoyan el Brexit en particular. Descarta la idea  que el nacionalismo es de alguna forma una parte natural y eterna de la psique humana. 

Sin embargo, quizás las partes más poderosas del libro tienen que ver con la discusión sobre la economía de los datos y la creciente automatización de nuestras vidas. La propiedad y regulación de  éstos bien podría ser el tema político más importante de nuestra era.

La enorme cantidad de información que las compañías tecnológicas están ingiriendo actualmente les da una idea cada vez mayor de nuestros hábitos, pensamientos y vidas. 

Afortunadamente, los humanos podemos consolarnos con la idea que siempre reinaremos en los dominios de la ética y los sentimientos.

Pero Harari también tiene dudas acerca de esto. A nuestros coches sin conductor se les puede dotar de parámetros éticos, mientras que los sensores biométricos interpretarán nuestros sentimientos de forma más precisa que nosotros.

Una vez que las computadoras nos entiendan mejor de lo que lo hacemos nosotros mismos, ¿qué significará eso para nuestra elección más íntima, cuando los sistemas de inteligencia artificial definen nuestra toma de decisiones políticas, por ejemplo? Nuestras democracias se convertirían  quizá en “un emotivo espectáculo de marionetas”. 

Finalmente, Harari nos dice que su ambición con 21 Lecciones es abordar el “aquí y ahora”. Pero sus horizontes parecen limitados, y abordan sólo brevemente a Asia y África, donde vive la mayor parte de la humanidad.

Extraña la falta de profundidad en el análisis de la realidad de la actual China que reclama su papel como principal economía del mundo.

Incluso el actual presidente de EE.UU. parece bastante enamorado de su modelo, a pesar de criticar a China por razones nacionalistas.

Si existe un tema que recorre todos los escritos de Harari, seguramente sería mejor resumirlo recordando que “Las preguntas que no puedes responder generalmente son mucho mejores para ti que las respuestas que no puedes cuestionar”.

O, podríamos decir también que vale la pena intentar entender nuestras propias mentes más claramente, antes de que los algoritmos tomen nuestras propias decisiones por nosotros.

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