Un poder imparable

La Opinión de Carlos Peňaloza

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Los sinsabores y las pocas mieles desprendidas del comportamiento histórico hacia la dignidad de la mujer, han generado un interrogante certero: ¿por qué con el paso de los siglos no se ha alcanzado esa igualdad de oportunidades respecto al hombre? Repasemos la posición y el poder de la mujer en diferentes culturas a lo largo de los siglos. 

La evolución de las castas, sociedades, gobiernos, legisladores, intelectuales, medios de comunicación y esencialmente de los programas educacionales, no contribuyeron  ni acudieron al rescate de una posición digna para la mujer, semejante a la del sexo contrario.

Desde la prehistoria, las mujeres, como los varones, han asumido un papel cultural particular. Ellos cazaban y ellas recolectaban. Los antropólogos las alaban: ellas condujeron las sociedades antiguas hacia el Neolítico siendo las primeras agricultoras, descubriendo, además, las propiedades medicinales de las planta.

En el antiguo Egipto las mujeres tuvieron gran libertad de movimientos. Ejercían  multitud de oficios, tenían acceso a la educación, aunque las campesinas desarrollaban un trabajo extremadamente duro.

En Mesopotamia las mujeres no estaban sometidas a los hombres, gozaban de un cierto estatus de igualdad. En el Código de leyes de Hammurabi tenían importantes derechos: poder comprar y vender, representación jurídica o testificar libremente.

En la antigua Grecia, la posición de la mujer no fue muy positiva. El filósofo Aristóteles, la define como un hombre incompleto y débil, un defecto de la naturaleza. La mujer era un ser a proteger y guiar, es decir, sometida totalmente al varón.

Las mujeres romanas disfrutaban de mayor libertad que las griegas, pero la participación política y ciudadana les estaba vetada. Su condición social seguía siendo la de un ser inferior al que había que tutelar, dirigir y utilizar.  

En la Edad Media la mujer en su mayoría era campesina. El aumento demográfico en la Baja Edad Media propició núcleos urbanos cerca de lugares fortificados. Los nuevos oficios dieron entrada a la mujer en el mundo laboral, pero, siempre en precario.

Los conventos cumplieron una función de gran utilidad ya que eran refugio de las hijas que no contraían matrimonio, y único camino para otras de acceder a la cultura.

La Edad Moderna fue un periodo de serias transformaciones: el descubrimiento de América, el aumento del poder del Estado, los nuevos valores basados en el humanismo y en la ciencia experimental, afectaron en negativo la vida de las mujeres.

El Renacimiento fue un “renacer” pero sólo para los varones. Su vida educativa y laboral mejora. Para las mujeres, lo contrario. No logran acceder a la educación humanista. Los nuevos estados, dictan leyes restrictivas para ellas. Con la fundación de las universidades se excluye a las mujeres. A partir de los siglos XVII y XVIII  las condiciones de vida de las mujeres campesinas no variaron desde la Edad Media.

El Siglo XIX supone grandes transformaciones, en lo ideológico, económico y social, que favorecen a la mujer. En Inglaterra la industrialización la lleva a las fábricas, que junto con el servicio doméstico eran las ocupaciones mayoritarias de las más pobres.

En 1848 Nueva York acogió la primera convención sobre los derechos de la mujer, pero fue en 1920 cuando se logró el derecho al voto en EE.UU. En España en 1931.

El siglo XX incorpora a las mujeres al mundo laboral. Las dos guerras mundiales fueron el desencadenante: al ir los hombres al combate (65 millones) las mujeres se hacen cargo del trabajo. 430.000 francesas y 800.000 británicas pasaron de ser doncellas y amas de casa a obreras asalariadas. Las estructuras sociales comenzaron a cambiar.

La Europa de la posguerra vio cómo las mujeres se resistían a abandonar sus trabajos para volver a encerrarse en el hogar o trabajar en el servicio doméstico. Pese a todo en el Tercer Mundo,  y esto nos duele, continúan marginadas y esclavizadas.

Actualmente las mujeres copan las universidades y son fuertemente competitivas en todo tipo de trabajos, incluidos los técnicos. Pero falta mucho aún. Porque hay  una mujer sin maquillar en cualquier lugar de la Tierra, dispuesta a ser protagonista silente de una gran causa. El maquillaje que más embellece es la sonrisa sincera de esas mujeres anónimas que desean un mundo más justo. El poder de la mujer, como hacedora natural de la humanidad siempre, a pesar de todo, será imparable.

2 COMENTARIOS

  1. Una de las posibles causas en respuesta a la pregunta de su magnifico articulo D. Carlos sería:
    Según el prestigioso doctor en Neurociencia D. Francisco Mora Teruel, en su conferencia curso sobre estrategias educativas basadas en el funcionamiento del cerebro en la educación, Neuroeducación (disponible en Youtube) expuso:
    El ser humano es lo que la educación hace de él. Lo que somos, lo hace la cultura en que vivimos, y en ella la educación que recibimos.
    Es dependiente del ser humano y no de sus genes. Transmitimos por cultura lo que vamos siendo y lo que nos diferencia a la mujer y al hombre de hoy de lo que fue la mujer y el hombre del paleolítico inferior.

    Orienta y explica que desde los 3 años de edad hay que enseñar a los niños los valores, respeto, ética y responsabilidad de normas, aprendiendo a ser autosuficientes, para formar unos seres humanos honestos , capaces de convivir en armonía y justicia con sus semejantes sean del sexo que sean. Todo ello como es natural con la total compatibilidad con los valores inculcados en el seno familiar. Dichas enseñanzas familiares tendrán que ser del mismo sentido que los compartidos en las escuelas.

    Posiblemente, este sea uno de los caminos a tener en cuenta, para conseguir erradicar las injusticias sociales y profesionales, violencia y asesinatos padecidos mayormente en las mujeres. No es solo cuestión de leyes o su correcta aplicación, sino de cambio de mentalidad de cada componente de la sociedad. Si se tomara conciencia de ello por quienes tienen que hacer posible dicha nueva educación, pocas generaciones tendrían que pasar para poder conseguirlo. De lo contrario seguiremos viendo y de manera agravada, las circunstancias actuales.

  2. Una de las posibles causas en respuesta a la pregunta de su magnifico articulo D. Carlos sería:
    Según el prestigioso doctor en Neurociencia D.Francisco Mora Teruel, en su conferencia curso sobre estrategias educativas basadas en el funcionamiento del cerebro en la educación, Neuroeducación (disponible en Youtube) expuso:
    El ser humano es lo que la educación hace de él. Lo que somos, lo hace la cultura en que vivimos, y en ella la educación que recibimos.
    Es dependiente del ser humano y no de sus genes. Transmitimos por cultura lo que vamos siendo y lo que nos diferencia a la mujer y al hombre de hoy de lo que fue la mujer y el hombre del paleolítico inferior.

    Orienta y explica que desde los 3 años de edad hay que enseñar a los niños los valores, respeto, ética y responsabilidad de normas, aprendiendo a ser autosuficientes, para formar unos seres humanos honestos , capaces de convivir en armonía y justicia con sus semejantes sean del sexo que sean. Todo ello como es natural con la total compatibilidad con los valores inculcados en el seno familiar. Dichas enseñanzas familiares tendrán que ser del mismo sentido que los compartidos en las escuelas.

    Posiblemente, este sea uno de los caminos a tener en cuenta, para conseguir erradicar las injusticias sociales y profesionales, violencia y asesinatos padecidos mayormente en las mujeres. No es solo cuestión de leyes o su correcta aplicación, sino de cambio de mentalidad de cada componente de la sociedad. Si se tomara conciencia de ello por quienes tienen que hacer posible dicha nueva educación, pocas generaciones tendrían que pasar para poder conseguirlo. De lo contrario seguiremos viendo y de manera agravada, las circunstancias actuales.

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