Vivimos en el mejor de los tiempos

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Raúl Sánchez Pool

En el comienzo de su novela “Historia de dos ciudades”, publicada en 1859, Charles Dickens escribió “Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos”. Una dualidad, quizás un contrasentido, en definitiva, un juego de palabras que invita al optimismo.

Porque, a pesar de las amenazas y desafíos que se ciernen sobre el mundo: crisis nuclear, cambio climático, terrorismo, desigualdad, pobreza… la Humanidad vive en el mejor de los tiempos.

2019 ha sido el año en que los niños han disminuido sus probabilidades de morir y los adultos de ser analfabetos.

Así lo afirma el periodista, dos veces ganador del Premio Pulitzer, Nicholas Kristof. Dentro de su artículo de opinión ‘This Has Been the Best Year Ever’, publicado en The New York Times, Kristof se apoya para esta aseveración tan rotunda y a la vez tan esperanzadora en una serie de indicadores.
Cada día del pasado año, 325.000 personas obtuvieron su primer acceso a la energía eléctrica, más de 200.000 accedieron al agua corriente y unas 650.000 se conectaron a Internet por primera vez.

En 1950, el 27% de los niños seguían muriendo a los 15 años. En la actualidad, esa cifra se ha reducido a solo un 4%. Para el economista de la Universidad de Oxford, Max Roser, si se le diera a la oportunidad de elegir el momento en que nacer, dentro de la Historia, este sería sin duda el mejor momento.

El director de World in Data afirma que sería muy arriesgado elegir un momento en cualquiera de las miles de generaciones del pasado. Roser da una razón contundente. “Excepto las últimas tres o cuatro, casi la totalidad de la población mundial vivía en la pobreza extrema”. Es decir, el 90% de la gente.

Hoy, el número de personas que viven con más de 10 dólares al día ha aumentado en 245.000 y nos acercamos al 90% de la alfabetización de adultos.
En este ámbito, ha habido avances particularmente grandes en la formación de las niñas, y pocas fuerzas cambian el mundo tanto como la educación y el empoderamiento de las mujeres.

Por otro lado, dentro del objetivo de las Naciones Unidas de eliminar la pobreza extrema en 2030, la tecnología puede ayudar como nunca antes. La automatización, la inteligencia artificial, el uso de los datos, la robótica, la edición genética pueden hacerlo.

Y 50 años después de nuestra llegada a la Luna, estamos en disposición de hacer viajes turísticos hasta el satélite y establecer colonias allí o en Marte.

Por todo ello afrontemos el 2020 con optimismo, valentía y esperanza. Porque parafraseando a Dickens y su famosa novela, vivimos en “la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación”.

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